Alguien, con todo el buen criterio del mundo, puede afirmar (y no estaría desencaminado) que le estamos dando demasiada bola a este tipo de siniestros personajes porque, sinceramente, lo único que buscan es satisfacer su propio ego y para ellos, verse en los papeles, en los diarios digitales o en las televisiones es algo que les coloca más que a un heroinómano una raya de la máxima pureza. Pero claro, si lo dejas pasar, la siguiente será más gorda y así hasta el infinito.
Por eso, cuando a personas anónimas se las detiene por amenazar en las redes sociales, no se entiende que alguien tan conocido como Willy Toledo campe a sus anchas por Twitter y no sea empapelado convenientemente. Es que en cuestión de una semana ha pasado de llamar asesino y torturador al Estado español a justificar la muerte de doce periodistas. Así, sin anestesia y encima buscando la complicidad de otros 'basuras' morales como él.
Evidentemente, no voy a caer en la bajeza moral de decir que se merecería lo mismo que él desea o justifica para otros, pero lo que sí tendría es que tomarse cartas en el asunto, dar un puñetazo sonoro sobre la mesa y meterle un buen puro a este individuo que hace tiempo que dejo la escena de la comicidad para pasar directamente a ser el bufón de cualquier causa. Ayer montaba una huelga de hambre en el aeropuerto de Guacimeta (Lanzarote) en pro del Sáhara, hoy se alía con los sucios y rastreros proetarras y mañana se pone la chilaba y el pañuelo palestino para caerle simpático a los asquerosos yihadistas. Lo raro es que los de El Jueves no le hayan contratado como ideólogo o dibujante. Porque, no puedo acabar el artículo sin decirlo, fíjense como en nuestra revista satírica española nunca ha habido huevos de hacer coñas con Mahoma, pero sí reírse del Papa, de Rouco Varela y de todos los católicos de bien.
Juan Antonio Alonso Velarde