Las religiones son cultura, siempre y cuando éstas no sean utilizadas de manera torticera por líderes seculares que pretenden hacer de las creencias una eficaz arma arrojadiza de lucha contra el no creyente o contra quienes profesan una creencia distinta a la imperante. En el mundo occidental nos hemos habituado a ver al lado de nuestra casa mezquitas, templos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día o locales donde los mormones imparten su doctrina. Todos conviven en perfecta armonía con la religión mayoritaria, que no dominante o imperante, la católica. Porque, si algo tiene quienes nos consideramos fieles (activos o pasivos) de esta creencia es que no te obliga a nada. No hay listas negras sobre si has ido o no un domingo a misa o si has dejado de confesar tus pecados.
Sin embargo, en territorios islámicos, ser católico no sólo es quedar marginado de por vida en la sociedad, es poder sufrir en carne propia el ataque de unos bárbaros, de unos radicales, de unos fanáticos que no entienden la diversidad, la variedad de creencias. Ellos pueden hacer chanza de Jesucristo o quemar iglesias con total impunidad, expulsar a esas personas del país. Pero, ¡¡¡oh cielos!!! no se puede hacer ni medio chiste sobre Mahoma porque entonces creen tener un motivo de peso para salir con toda la artillería para, incluso, asaltar embajadas de las naciones occidentales, matar embajadores y además amenazar con llevar su pillaje a suelo 'infiel'.
Esto es lo que ha pasado por la difusión de un vídeo en el que se dejaba a Mahoma en no muy buen lugar, que estos tipos del turbante se han incendiado y se han tomado la justicia por su mano. El profeta, tan respetable como nuestro Señor Jesucristo, es sagrado para esta gente, pero esto a la inversa no funciona. Es decir, quien quema sin provocación previa iglesias o mata a cristianos no tolera posteriormente una burla sobre su dichoso Mahoma y encuentran ahí el motivo para echarse al monte o al desierto a la caza, captura y decapitación del infiel.
Lo que más me preocupa de esta historia no son los ataques en sí, sino que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha mostrado una debilidad más propia de un tipo incipiente en política que de alguien que casi lleva cuatro años en la Casa Blanca. Si una gran potencia como los USA tienen que disculparse por un vídeo satírico, faltón, pero que no mata a nadie, eso lleva a pensar automáticamente al ofendido que Occidente es una perita en dulce para someternos a sus caprichos.
Juan Antonio Alonso Velarde