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14 Ene

De cuando el enjuto podenco Mo reflexiona sobre las verdades definitivas del Poder

No hay verdades definitivas. No existen, aunque se empeñen en su afán dictatorial en endosarnos las mismas. No hay círculos cerrados, nociones absolutas que los cierren, y ahí, queden acabadas, endiosadas y únicas. Siempre hay otras posibilidades, opiniones o planteamientos impensados, me indica filosofando el enjuto podenco Mo. Está tranquilo, echado, apoyada su cabeza marrón sobre sus patas delanteras, pensativo, con la mirada perdida. No se advierte inconforme, exaltado, como en otras ocasiones.

Lo que si ocurre, prosigue indicándome, es que el uso preconcebido y planificado de las palabras, de contextos, de recónditas e ignoradas informaciones, engatusan nuestra perspectiva, persuaden nuestra desafiante y molesta conducta y criterio crítico. Al Poder no le incomoda la pluralidad de opinión, lo que le desgarra es que no queramos pertenecer al rebaño, que salgamos de la cerca o valla, y no necesitemos sus fingidas y políticas parábolas. Nada hay más molesto que la indiferencia y el desahucio, para quién agota asfixiante su pretensión de convencernos.

Se llama Mo y dice que en Oriente, a donde emigró, su nombre significa "no". Me ha explicado en alguna extraviada ocasión, que esa palabra le gusta, muestra rebeldía, no acepta cualquier hecho o circunstancia o mandato sin más dilación. Y, si bien, se reitera en que es de la ciudad de Aletheia, del onírico lugar griego donde desemboca la verdad, me ha refutado que le gusta Oriente.

No hay verdades definitivas. No existen. No hay círculos cerrados, nociones absolutas que los cierren, y ahí, queden acabadas, endiosadas y únicas. Se reitera, quizás buscando en su filosófico pensamiento aunar un desarrollo más extenso a dicha convicción. Tiene claro el concepto, pero le faltan las palabras que empujen el desarrollo. Bueno, hay círculos cerrados, indica ahora, pero solo los expresados y utilizados matemáticamente. Los demás no existen, pero el Poder, todo tipo de poder, económico, gubernamental, religioso, o incluso marital, esboza garabatos y palabras y frases, que se elevan y se sostienen bíblicamente, para ser adorados, aplaudidos y enmarcados en esbeltos y seductores recuadros.

Definitivamente no me deja leer "Levantado del suelo" de José Saramago. Dejo el libro sobre la mesilla acristalada de la terraza, coloco el codo sobre el reposabrazos de la silla, me llevó los dedos a los labios y lo observo y escucho, pensativo y atento. Progresamos continuamente, señala, por eso no hay verdades absolutas, no se puede cerrar el círculo. La quietud no existe, no está hecha, no ha sido fabricada, incluso en la somnolencia de la noche, absortos y tumbados en la cama, nuestra mente se mueve, prosigue, no se detiene. ¿Entonces, como cerrar el círculo? Los círculos cerrados solo proponen agónicas cárceles, oprimidas libertades, desesperados deseos, coartadas conductas. Durante la niñez abarcamos la magia de los Reyes Magos con la excelsa verdad, crecemos y el círculo abre otra verdad, ¡eran nuestros padres!, quizás no debamos cerrar aún el círculo, quizás descubramos sobre ello otra verdad. Los círculos cerrados solo albergan rejas que oprimen la reflexión, la elucubración y el pensamiento. Las verdades absolutas son dictatoriales y engatusadores círculos con los que intenta una y otra vez el Poder, que seamos participes, son invitaciones a reunirnos a medianoche con ligeras y melosas palmaditas en la espalda, y que orgullos, alberguemos la sensación que son nuestras, que nos hacen grandes, efervescentes y altivos.

No dejo de observarlo y escuchar su enredado soliloquio, y sin embargo solo pienso, desesperado, en continuar con mi lectura, y de reojo atisbo el libro como sí el pudiera venir corriendo a salvarme. No hay verdades definitivas, refuta nuevamente. No existen. No hay círculos cerrados. No puede ser que el hambre, los desahucios, la explotación, ahogar la economía familiar, los despidos, los recortes inhumanos, los regresos a la pobreza y conductas de posguerra, a márgenes y culpabilidades bíblicas, sean los ladrillos o las maderas para edificar nuevos progresos y emerger de la crisis económica. ¡Alguien se equivoca!

Atisbo de nuevo el libro, definitivamente no vendrá a rescatarme. Regreso de nuevo a la visión del enjuto podenco Mo. No está. Se ha ido como otras veces. Siempre está marchándose, o siempre está regresando. No hay verdades definitivas. No existen.

(Conversaciones con el enjuto podenco Mo)
(Siglo XX, año XIII, mes primero)
Escritor Andrés Expósito

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