Domingo, 18 de Abril 2021 

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18 Mar

De cuando programas televisivos aplauden la corrupción y eso enfurece al enjuto podenco Mo

Constantemente se prodiga incansable el mismo dañino error, forjadores de la corrupción alcanzan los platós televisivos, culpables de las miserias y de los crímenes de otros, desfilan chaqueta y corbata y pétalos de rosas en el suelo a su paso, cabeza alta y aplausos, y se les trata como señores. Todo eso, ante los niños. Enredaba en uno de los artículos el Desconocido Escritor, y el enjuto podenco Mo disertaba en su conformidad, pues con anterioridad lo había leído, y ahora gesticulaba con reiterados ademanes su hocico mientras yo lo ojeaba, o mejor dicho, pronunciaba en alto cada una de las palabras, obligado como me hallaba por el enjuto podenco Mo, que tras entregarme el periódico que incluía el artículo, impuso que reflexionara sobre el mismo tras su lectura, y que lo leyera con anterioridad en voz alta, refunfuñó.


La cordura debe asistirnos mediante un diálogo interior, donde la elocuencia nos aborde y nos muestre que, en nuestra curiosidad y desidia televisiva, no nos veamos clientes de un mafioso burdel donde el protagonismo principal es la corrupción. Esta, bajo efigies particulares y conocidas de políticos, gobernantes, familiares de los mismos, banqueros, irrisorios famosos, rencillas y desalojos sentimentales, en ese sensacionalismo imprudente, demagógico... Y más aún, diría yo, interrumpe en un clarificador aullido el enjuto podenco Mo. Desvío mi atención y lo observo expectante, y sin más remedio, escucho desfallecido su soliloquio. Sí, no solo lo sufrimos nosotros, esa aversión inculta y degradante, sino todos los niños y jóvenes que aguzan los sentidos, absortos e incrédulos y maravillados, que todo lo impregnado y educado para forjar un considerable hábitat social en la Metrópolis, es escupido y atentado de manera miserable y terrorista, y aún así, cuando las insalvables rejas y las concernientes condenas tendrían que pronunciarse como su residencia inmediata, se hallan por otro lado, en el consentido y aclamado protagonismo. ¡Increíble!, exclama, ¡Increíble la sociedad en la que habita esta especie humana!, vuelve a exclamar de manera despectiva. Les mostramos a los niños y jóvenes, que a través de esas corruptas e inhumanas acciones, que han procurado y desempeñado los protagonistas de la corrupción, reciben y recogen adineradas y poderosas fortunas, que no solo atesoran y compilan un aspecto material, sino que por otro lado, se les requiere como protagonistas, entre aplausos y vítores, y aunque las críticas y opiniones justicien y culpabilicen sus actos, la ensordecedora multitud pliega su tiempo para venerarlos, y se inclina ante su presencia para demandar autógrafos y estrechar sus manos.

No todo es así, interrumpo hastiado del pesado soliloquio. Casi incluso prefiero leer el enmarañado y desconcertante artículo del Desconocido Escritor, pero no se lo digo, y vuelvo a atender sus palabras. Se frota con una pata trasera derecha por detrás de la oreja, No todo es así, es verdad, prosigue con su argumento, pero si una ínfima manera atonta en la gran medida que lo hace actualmente, prefiero no imaginar la desmedida reacción que propondría otras excelsas magnitudes.

Me hace un descriptivo ademán para que regrese a la lectura. Ahora no sé donde me he quedado, ¡que fastidio todo esto!, reflexiono, ¡que cómodo era el sosiego y el deleite de releer "Crimen y castigo" de Dostoievski, hace un largo rato, antes de que llegara! ¡Ah!, ¡sí!, ¡aquí!, exclamo tras el fugaz recorrido visual por el artículo en la búsqueda de hallar la precisa palabra en que había quedado interrumpida la lectura, ... y corrosiva, que vulgariza nuestra propia especie y condición humana, y en símil manera atonta y nos muestra cierta involución social en esta amplia y desarrollada evolución científica y tecnológica. De soslayo busco su figura y no la encuentro. Se ha ido otra vez, aparto el periódico y regreso con un promiscuo esbozo de sonrisa a la relectura de "Crimen y castigo" de Dostoievski.

(Conversaciones con el enjuto podenco Mo)
(Siglo XXI, año XIII, mes tercero)
Andrés Expósito, escritor
(www.andresexposito.es)

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