Viernes, 26 de Febrero 2021 

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14 Oct

Miseria y hambre. Contenedores de basura, nuevos comedores del auxilio

Estamos acercándonos demasiado peligrosamente a un estado social de miseria y hambre, hacía un desgarro donde las sobras de unos se contemplan en el único y lamentable alimento para otros. Cada vez es más cotidiano descubrirnos azorados por la incoherente y penosa visión de seres humanos asaltando contenedores de basura, rebuscando desgajados con sombríos rostros algún alimento con que nutrir sus maltrechos organismos.

Como malheridos por una larga y acuciante guerra, esta maltrecha posguerra económica, arrasará no sólo los cuerpos y las mentes de muchos aldeanos, sino que, enquistará llagas de desconfianza. Morirán cientos de miles de ilusiones y sueños, y puede, morirán múltiples familias como ahora las conocemos, quedaran arrasadas conductas y maneras a las que estábamos acostumbrados, y la Aldea, solo contemplará la añoranza de un tiempo que quedará atrás, sin entender muy bien porque ha sido así, y mientras a los contenedores, esos nuevos comedores del auxilio, seguirá llegando la necesidad del ser humano para alimentarse. Quizás, y desoyendo los múltiples sermones y oratorias de muchos idealistas y "patanes" en sus arrogantes pulpitos, uno de estos días me lleve a alguno de esos hambrientos a un restaurante, le convide a almorzar y le diga al camarero que coloque en una bolsa también otros pequeños manjares, para que luego, tras la engullida pitanza, pueda llevarse otros alimentos para otra hora del día en que, desfallecido, le implore nuevamente la necesidad el estómago. Y quizás esta posibilidad, le fortalezca como un nimio oasis en el interminable desierto, o como un leve y reconfortante sueño en la agotadora vigilia que ya padece y le sacude, y que, con toda seguridad, aún le quedara que soportar, y seguramente también, frente a la mesa mientras lo observe devorar con demasiada celeridad los alimentos, me estremezca la intención de sugerirle que no engulla a esa imperceptible velocidad pues le puede producir un fuerte dolor estomacal, y puede entonces ser peor el remedio que la enfermedad, pero quién soy yo para decirle nada, que tengo la suerte de comer tres y cuatro veces al día. Lo dejaré en el disfrute de su agradecido oasis, regocijándose ante esa posibilidad que se le ha concedido, y sin reprocharle que no me haya preguntado quién soy y por qué lo hago. No le reprocharé nada de ello como he dicho, bastante tiene con ensamblar el paso entre los secos y vacíos arenales de su particular desierto. Sus ojos se encargaran con su elocuente mirada de mostrarme lo agradecido que está, pues su boca no procurará espacio ni segundo, pues en la misma acción que se vacía vuelve a llenarse.

A mis oídos llegan nuevamente las voces de los "inteligentes", un coñazo y pesado campaneo, profetizando que con ello no soluciono nada, que eso es pan para hoy y hambre para mañana, e incluso con acusaciones hacía mi acto como oportunista vanidad humana, y de que todo esto es una proposición de protagonismo y provecho por mi parte ante el abismo económico en el que residimos. Nunca he hecho ni he dejado de hacer nada ante la posibilidad de crítica o demagogia hacia mí o hacia alguno de mis actos, ni incluso después de que estas murmuraciones se hayan producido, y ahora a los cuarenta, como entenderán, estoy demasiado cansado para convivir en el juego de otros. Por ello, con toda seguridad, al abandonar el restaurante y quedar acogido por el agradecimiento gesticular que me referirá, y quedar observándole como se aleja, displicente y perdido, me asolará la desgarradora certeza y seguridad, que esta crisis fuera del concepto económico y capitalista que lo ha procurado todo, nos delata la esencia de ausentes valores y conductas humanas.


Escritor Andrés Expósito
(www.andresexposito.es)

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