A la enseñanza de Jesús en relación a las mujeres no se le puede reprochar nada, no así a las machistas normas de la Iglesia, las que deberíamos haber cuestionado hace tiempo. Se sabe que existe una igualdad real de derechos, pero si se valora el peso que tienen las mujeres en la sociedad, no se puede obviar que a menudo tenemos un valor inferior, aunque en el pasado era más evidente pues las mujeres eran propiedad del hombre y apenas tenían derechos. En los siglos de la inquisición se las rebajó al nivel del mal, de lo pecaminoso, a seres sin alma y esto en los países llamados cristianos. De ahí la pregunta de sí es correcto atribuir toda esta injusticia a Jesús de Nazaret.
Se suele asociar cristianismo con iglesia, lo que en cierta forma es normal después de una huella tan marcada. Sin embargo cristianismo no es catolicismo, además no es ésta la única huella que ha dejado la iglesia, tan sólo con la quema de brujas se dejó una huella de sangre perfectamente visible hasta nuestros días. Este único dato debería motivar a millones de mujeres a cuestionar qué relación guarda ese doloroso baño de sangre con las enseñanzas de Jesús, quien contó entre sus discípulos con muchas mujeres a quienes trató con igualdad y respeto.
La catedrática alemana Sabine Biberstein publicó en la Revista Spiegel un informe en el que se afirmaba que entre los numerosos investigadores existe una opinión unánime: en el movimiento que trajo Jesús de Nazaret hubo mujeres desde el principio. María Magdalena fue la primera persona a quien Jesús se le apareció tras Su resurrección, dándole el encargo de anunciar el mensaje de Pascua, al respecto escribe Biberstein: "El encargo dado por el mismo resucitado y la proclamación del mensaje de Pascua dota a Maria Magdalena con los rasgos de cualquier apóstol. La participación mancomunada de hombres y mujeres puede considerarse como una importante característica del movimiento de Jesús, que continuó su desarrollo en muchas comunidades de los primeros tiempos". Sin lugar a dudas de estas declaraciones se deduce no sólo la igualdad en el cristianismo originario, sino que con toda seguridad en las primeras comunidades muchas mujeres tenían cargos directivos y actuaban como profetas.
Ana Sáez Ramirez