Lunes, 25 de Octubre 2021 

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16 Jun

Me venían rondando una serie de reflexiones en mi pobre cabeza a las que no acababa de darles sentido. Por qué un movimiento ciudadano que consigue tener la confianza de cientos de vecinos tiene que ser sospechoso de sí mismo si se apresta a pactar para gobernar. Ese movimiento al que me refiero se ha reconvertido por imperativo legal en partido político y ha hecho una ardua labor de saliva y suela, suela y saliva debido a su precariedad económica y no querer hipotecas inquietantes. Ha conseguido saltar de trinchera en trinchera sin desfallecer, para ganarse la representatividad municipal. Y ahora si viene al caso, y se tiene que mojar, por qué ha de negarse a quemar sus naves teóricas y disponerse a echar una mano, sin desviarse un ápice de sus principios éticos para con sus vecinos, y sólo lo justo en la práctica programática que le imponga la grosera realidad.


Ciudadanos x Arona tiene el deber y la obligación de querer gobernar porque para eso se han molestado sus bases y para eso han convencido a muchos ciudadanos a elegirlos. Nadie vota a una opción para que ejerza la oposición. La oposición política es el paradigma y consecuencia de que las circunstancias no permitan gobernar, no ha de ser rechazar contribuir al gobierno municipal por el hecho de considerar que nuestros ideales son tan puros que no pueden contaminarse. Esa postura creará aversión en el vecino, cuyas luces de entendimiento le pudieran hacer pensar en una traición a su voluntad.
Hay que contaminarse, hay que desgastarse porque así lo hemos querido y así ahora nos lo demandan. Otra cosa sería gobernar en contra de nuestros principios... de eso no estamos hablando hoy.

Antonio Núñez-López

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