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04 Jun

A mí me gustan las historias y la Historia. Sobre la pitada al himno nacional se vertieron muchas opiniones. Eso ya es historia. En su momento fueron reflexiones donde cada uno tomó partido a la hora de interpretar aquella pitada. Pero muchos días después ya forma parte de la historia de España. Es un fenómeno que interpretarán los historiadores según sus pasiones, conocimientos y relacionándolo de manera más o menos acertada con lo que había acontecido antes y después. Esa pitada (aunque históricamente sea insignificante) aparecerá en los anales y habrá quién la interprete según el devenir.


Hace muchos años, acababan de matar al presidente del gobierno español, le pregunté a una profesora mía de Historia como trataría la idem al general Franco. Ella me contestó: "Deberán de pasar al menos cincuenta años después de su muerte para que la memoria histórica de los españoles sea objetiva con su figura. Aún así habrá diferencias sesgadas". Después de que muriera Franco – a mí me pilló su muerte ejerciendo de adolescente en el País Vasco- leía artículos, libros de autores extranjeros y españoles, y escuchaba comentarios sobre las luces y sombras del franquismo. Al final y ya en mis años postreros tengo una opinión del franquismo y postfranquismo desapasionada y ateniéndome a los hechos y poco o nada a interpretaciones folclóricas o tendenciosas de quinta mano y con carga política: Franco fue un personaje histórico ilegítimo que creyó en una España cuartelaría y cristiana a la cual tenía el deber divino de gobernar. Lógicamente entenderán que esta afirmación tiene muchísimos matices. ¿Por qué sacar a Franco? Veremos.
Fernando VI fue el peor gobernante que tuvo España y si no que le pregunten a Goya. Un rey que traicionó a su propio padre, al pueblo, a su hermano (Carlos Isidro), adjuró de una Constitución que había acatado... Un personaje deleznable y débil que retrotrajo a su país del progreso y las luces por el bien propio y con la connivencia de meapilas eclesiásticos y demás poderes fácticos. ¿Por qué sacar a Fernando, el séptimo? Veremos.
He leído artículos y comentarios de algunos intelectuales "del momento" que reflexionaban sobre el himno y la bandera y se retrotraían a los tiempos de Fernando y Francisco. Estos dos ciudadanos tristemente relevantes en algunos tramos históricos no son España aunque han influenciado amargamente en cuestiones actuales. Para mantener una postura pusilánime, aunque disfrazándola de docta y comprometida, no se debe recurrir a criticar a dos personajes y obviar que nuestros antepasados, más que nosotros, también tuvieron que padecerlos y aún así, muchos, actuaron con valentía, arrojo y dieron sus vidas (quizás inútilmente si no queremos conocer sus historias) para legarnos un país o una comunidad hispánica, que tiene, y muchas, cosas positivas.
La bien nombrada Constitución de 1812 fue consecuencia de la Guerra de la Independencia (1808). Napoleón que fue un dictador megalómano en toda regla nos impuso a su hermano José como rey. Qué Napoleón tenía principios que emanaban de la revolución francesa y podía traer progreso social a España, posiblemente cierto. Qué el denostado José fue mejor rey que la alternativa española: Carlos o Fernando, cierto. Pero mientras, Bonaparte se expansionaba por Europa como un dictador belicista en guerras donde morían miles de personas, entre ellas, dignos soldados españoles a su servicio que obedecían al regidor de su patria y creían que el Bonaparte era mejor rey que cualquier Borbón. Igual que hubo un pueblo con sentimientos encontrados, jaleado por la Iglesia y siniestros personajes españoles y extranjeros, se echaba furioso a la calle para que nadie sometiera su nación. Un pueblo humillado que fue incapaz de prever el retorno de la bestia tricéfala.
Si fuera una representación teatral diríamos que los actos franquista y fernandista nos trajeron más o menos símbolo y himno. Pero antes, mientras y después, hubo unos ciudadanos que por el azar de su nacimiento (entre ellos vascos, catalanes, canarios, etcétera) trabajaron y aportaron lo mejor de sí mismos para crear esa comunidad internacional. Que tuvieron que tragarse muchos sapos que no eran de su gusto por el bien común. Que demostraron que les importaba su pertenencia a ese país, al que muchos llamaron España.
Quizás la bandera podía ser más representativa con otros colores y otro escudo, pero igual la habrían pitado. Quizás el himno debería de ser de Riego o de la comunidad de regantes, igual lo habrían pitado. Quizás el representante de este país, independientemente de que sea Borbón o Chivas y aún así hubiera sido refrendado en referéndum o elegido como presidente por el Partido Real, igual lo habrían pitado. Estos insolidarios y sus mesnadas de acólitos se desmarcan de todo aquello que no sea un "quitate tú p´a ponerme yo".
Otro país es posible, quizás mejor, quizás más justo con las peticiones regional-independentistas, con símbolos más representativos de nuestra convivencia pero sepan que será sobre los restos de esta España, no hay más. Y como nos enseñó aquel heredado refrán popular: para recoger hay que sembrar. Si sembramos discordia, crispación e intolerancia eso nos encontraremos en nuestros futuros reinos de taifas. A no ser que tengamos las santas narices de exclamar: "síganme que yo sé cómo hacerlo" y volvamos a la época del tirano Dionisio de Siracusa (Don Paco, Don Pepe o Don Bonaparte). Recuerden que provenían de sistemas políticos, mejores o peores, pero donde participaba la ciudadanía y las masas acabaron aclamándolos ante el miedo al caos o la pérdida física.
El caso es que el que quiera cambiar las cosas que luche, actúe y sea consecuente con lo que piensa pero sin utilizar la Historia común con bastardías sacadas fuera de su contexto histórico. No se debe caer por parte de ciertos intelectuales en atacar con desafecto lo que nos debería representar a todos para lanzarlo contra algunos "españolistas" con los que no nos queremos alinear. Les estamos haciendo el juego a otros "provincianistas" que usan el "totum revolutum" para viciar nuestra convivencia. Si a pesar de todo es una cuestión de negatividad intelectual no busque consuelo en la política o la Historia, quizás debería tomar prozac.
Con todo mi respeto.

ANTONIO NUÑEZ-LOPEZ

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