Martes, 30 de Junio 2026 

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11 Dic

Me encanta la inocencia de los niños que creen que Supermán es un héroe de verdad que es capaz de arreglar todos los problemas del mundo y que no quedará sobre la faz de la Tierra ningún villano.

Me produce ternura que haya pequeños que piensen que existen las hadas madrinas y que conviertan a una niña harapienta en la princesa de la fiesta. Es muy tierno imaginar a esos infantes que encuentran una botella o una lámpara maravillosa y que están convencidos de que frotándola saldrá de ellas el genio que les hará realidad todas sus peticiones.

Me gusta ver a esos imberbes, que apenas alcanzan el metro de estatura, pensar en que echar una moneda al pozo de los deseos se multiplicará hasta el infinito hasta llegar a sumar tal fortuna que no hará falta pedirle jamás en la vida la paga a los padres (sobre todo en estos tiempos de crisis). Resulta conmovedor recrear esa escena de niños absortos ante la pantalla del cine viendo casitas de chocolate y pensando que en realidad hay algún lugar así en el mundo donde dar rienda suelta a la glotonería más profunda.

Me encanta creer que existen niños que al final Caperucita y su abuela salen victoriosas de su lucha contra el lobo feroz, que los tres cerditos salen airosos y victoriosos de su particular guerra contra otro lobo o que la final Blancanieves logra sobrevivir a la malvada bruja del cuento, que debe ser familia de esa indeseable señora que le hace la vida imposible a la Cenicienta.

Sin embargo, cuando uno deja de ser niño, adquiere responsabilidades como político y acabas siendo diputado nacional del Partido Popular, no parece de recibo seguir creyendo en leyendas, en pajaritos preñados o en ratoncitos Pérez. Si Santiago Cervera se tragó la historia del maletín y la documentación alojada en una muralla, allá él.

Pero en este caso no sé qué es peor, si pensar que le han engañado como a un chino y en realidad nada tenía que ver en este affaire o si en verdad era consciente de lo que hacía e intentó evadirse con una excusa insostenible. Sea como fuere, Cervera no es ningún niño y por tanto tendrá que pagar su nula picardía o su supuesto chantaje con el descrédito y el destierro político. Porque los cuentos, cuentos son, pero la vida real es otra cosa y ahí no estamos para historietas de colorín.

Juan Antonio Alonso Velarde

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Juan Antonio Alonso Velarde

Actualmente es redactor en Madrid del área de política en Periodista Digital. Es columnista de opinión en las páginas de Canarias del periódico ABC, contertulio en el programa Tenerife Week, en Radio Unión Tenerife; en a Todo Tenerife, en Es Radio Pulso Tenerife y en La Alpizpa, en Canarias Radio La Autonómica.

Sitio Web: juanvelarde.blogia.com/

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