Sin embargo, y a modo de anécdota, pero con ínfulas de crítica, hay que decir que este deporte, del que ahora todos nos hacemos hinchas incondicionales, no vive en nuestro país la mejor situación. De hecho, inicialmente, la propia Federación reconoció que ni ganando el Mundial se iba a celebrar una cena oficial porque, sencillamente, no había dinero para ello. Vamos, dicho en plata, quien quisiera dispendios, al Mac Donald o al Burger King.
Cierto es que en la élite, donde todo está profesionalizado, no habría que tener esos problemas de pasta, pero no dejamos de hablar de que la Selección depende directamente de la Federación y que por encima de ésta existe una Secretaría de Estado para el Deporte que tendría que velar porque no se produjeran este tipo de situaciones cuasi bochornosas. Pese a los logros del balonmano, su situación financiera es muy delicada y sólo hay que ver que muchos clubes han acabado renunciando a sus mejores jugadores o incluso desapareciendo del mapa.
Por eso, con este Mundial en la mano, hay que cuidar con mimo a esta Federación, no volcarlo todo sobre el fútbol o el baloncesto. No es sencillo ganar dos mundiales en ochos años sobre todo cuando vemos que hay países donde el balonmano es un deporte que está a la altura de otras modalidades y donde hay una fábrica de sacar talentos como churros. Aquí no vamos sobrados de los mismos y por eso una buena política de cantera sería clave para no tener que depender luego de alguna que otra nacionalización.
Y, de paso, evitar el trance de no poder organizar siquiera una modesta cena para los campeones. No es de recibo.
Juan Antonio Alonso Velarde