Lo primero que sorprende al visitante es que el obrador está dividido en varios compartimentos, algunos completamente minúsculos, pero todo tiene su sentido y su razón de ser. Cada creación tiene sus propios aromas, su propia temperatura, su tiempo de preparación y en este aspecto todo el equipo de Juan Ángel es sumamente estricto a la hora de cumplir con los criterios de calidad máxima que le imprimen a todos y cada uno de sus productos. Porque, como decía aquella mítica serie de los años 80, la fama cuesta, se suda y nunca se regala. Y el prestigio de Víauve no es un regalo de los dioses, sino producto de un trabajo denodado, de un continuo sacrificio que luego se ve recompensado con las excelentes críticas y felicitaciones de los catadores más exigentes, el público en general.
Además, si algo caracteriza a este experto maestro chocolatero, galardonado además con alguno de los premios más relevantes en su sector, es que involucra a los visitantes en el mundo del chocolate, les hace probar, palpar y hasta crear determinados productos. Al igual que en esas visitas a las bodegas se disfruta de una cata y se acaba por adquirir nociones sobre los exquisitos caldos riojanos, también en el obrador de Víauve se termina por amar mucho más el mundo del chocolate, gozar de su textura, de su sabor y distinguir entre las diversas variedades y, sobre todo, aprender ese maridaje especial para conseguir esos riquísimos bombones de aceite de oliva o de vino, riojano, por supuesto.
Juan Antonio Alonso Velarde