Una vez más, insisto, se empeñan los poderes fácticos y mediáticos en arrinconar el deporte femenino, como si no tuviese relevancia o éxitos suficientes que merezcan mayor atención. La propia Federación Española de Baloncesto, presidida por José Luis Sáez, le da mucha más importancia a la Copa del Príncipe, Liga LEB, que a la competición de mujeres. Horarios de prime time que han tenido los baloncestistas masculinos por otras franjas menos relevantes para ellas.
Evidentemente, quienes organizan las competiciones y quienes las retransmiten tiran de calculadora y hacen sus cuentas sobre lo que es más beneficioso para ellos. La Federación sirve para lo que sirve, para que sus directivos se peguen unos viajes y unos homenajes gastronómicos que harían empalidecer al mismísimo Carpanta. Sin embargo, pese a que podía sacarle brillo a un torneo como la Liga Femenina o la Copa de la Reina, al fin y al cabo lo único que tiene de élite la FEB, se dedica a maltratar de mala manera sus propias competiciones.
Y que no vengan con el viejo cuento de que es que el baloncesto femenino no tiene tirón. El problema es que no se ha sabido potenciar. Donde se ha hecho, por ejemplo en Estados Unidos, cuentan con un torneo, la WNBA, que ha conseguido en los últimos años un predicamento entre la afición que da verdadera envidia. Pero está claro que mientras los estadounidenses están siempre a la última en innovación deportiva, aquí, en España, dejamos el deporte femenino al albur de la buena voluntad y del sacrificio de cuatro románticos que trabajan porque las buenas jugadoras que tenemos no acaben haciendo petate y marchándose a hacer las Américas.
Juan Antonio Alonso Velarde