Más allá de tetas, pechos y morritos, lo cierto es que Izquierda Unida, la formación que sostiene que otra forma de hacer política es posible, que hay que regenerar la vida pública, al final lo que le importa es saber qué cacho de poder le corresponde, dónde van a poder sentar sus reales traseros esos que van de republicanos por la vida. Un porcentaje relevante de la fuerza comunista no ve con buenos ojos esta alianza, pero al final lo que les importa es estar ahí, en el marchito, en la poltrona, aunque luego, con la boca pequeña sostengan que no están por la labor de mantener a un partido que ha arruinado a Andalucía, es decir el PSOE.
Para eso, sinceramente, es mejor que los de IU de Andalucía imiten a sus compañeros extremeños, es decir no asumir área alguna y limitarse a ejercer una labor de control responsable y en el caso de que el Gobierno en minoría del PP se salga de lo que ellos entienden que es inadmisible pues entonces, con toda la razón del mundo, harían caer al Ejecutivo monaguesco (de Monago, no de Mónaco, of course) y bien habría moción de censura o disolución del Parlamento de Extremadura.
Veremos a ver cómo se las arreglan durante cuatro años en Andalucía, a ver qué peleas y riñas acabaron emergiendo a la superficie y si dentro del propio PSOE no habrá movidas extrañas ante la pérdida de ciertas áreas de poder. En 2003, con el famoso 'tamayazo', el reparto de cromos en la Comunidad de Madrid entre IU y PSOE no satisfizo a dos diputados socialistas y todo acabó cuatro meses después en la repetición de las elecciones y entonces no sólo volvió a ganar el PP, sino que además lo hizo con mayoría absoluta. No digo que este sea el caso, pero...
Juan Antonio Alonso Velarde