Lo que me temo, desgraciadamente, es que Mariano Rajoy seguirá los acontecimientos desde el Palacio de la Moncloa y además lo hará como suele, fumándose un puro y leyendo el Marca. A él se la trae todo al pairo. Piensa que siguiendo la estrategia de actuación habitual, es decir no hacer nada y dejar que todo se pudra, conseguirá evitar el enésimo problema y, como decía Hannibal, el del Equipo A, decir que le encantan que los planes salgan bien.
Sin embargo, Rajoy parece desconocer que está ante presuntos delincuentes, delicuentes porque se han saltado una y mil veces todos los límites de la legalidad y el próximo 9 de noviembre de 2014 están por la labor de dar un paso más en esa estrategia de romper España. Esperemos que no haya que llegar a imágenes en las que cuatro exaltados la emprendan el domingo contra los policías que tengan la encomienda de evitar a toda costa esta farsa, esta mamarrachada sin fundamento alguno. A Mas le da igual, él ya sabe que está más que amortizado como político, pero muchos catalanes temen ante la perspectiva de un futuro imperfecto e inestable con estos políticos de medio pelo y descerebrados.
Juan Antonio Alonso Velarde