Pero claro, ¿qué vas a esperar de un equipo que ha terminado la temporada
con tres técnicos, que cuando la cosa pintaba fea (se estuvo alguna que
otra jornada fuera de los play-off de ascenso) se dejó la plantilla en
manos de un preparador de la tierra, Quique Medina? El Tenerife, todo hay
que decirlo, ha dado el todo por el todo en estas tres eliminatorias por
llegar a la Segunda División A o Liga Adelante, que quizá en el partido de
vuelta frente a la Ponferradina no tuvo de lado un arbitraje ecuánime, pero
no sería justo dejar de reconocer que los bercianos jugaron un partido
impecable en el Heliodoro y que los canarios, en 180 minutos, fueron
incapaces de poner en serios apuros a su rival.
Ahora, con relativa calma, toca preparar la próxima temporada y ver qué
jugadores conformarán en segundo proyecto en Segunda División B. Lo
gracioso del caso es que se quiere contar para el nuevo curso con gente de
la tierra y eso puede llevar a un claro conflicto con el Marino de
Tenerife, equipo recién ascendido a la división de bronce y cuyo
presupuesto, mucho más limitado, le obliga a tener que rastrear a fondo el
mercado canario y, en último término, acertar con aquellos jugadores que
tenga que traer desde la Península.
No seré quien critique que se apueste por la cantera, al contrario; debe
darse una oportunidad a las promesas de la tierra para evitar, por ejemplo,
que emigren luego a Ponferrada, como el caso de Acorán, y acaben triunfando
a más de 2.000 kilómetros de la isla. Sin embargo, el momento de haber dado
un paso firme en pos de contar con gente del filial tenía que haber sido
hace un año, no ahora. Si se le da ahora la responsabilidad a la gente de
casa, también habrá que rebajar las exigencias y ponerse en un escenario de
dos a tres años para ascender. ¿Podrá soportar esa situación la maltrecha
economía del club? ¿Concepción-decepción se dará cuenta de que desde hace
un par de temporadas que viene sobrando?
Juan Antonio Alonso Velarde