No vamos a negar que el régimen de los hermanos Castro es lo suficientemente hábil como para convertir un atentado en un despiste accidental de un conductor que, lamentablemente, provoca la muerte de uno de los principales opositores a la dictadura caribeña. El escenario que, de repente, se le presenta a los tiranos es el mejor posible a su política propagandística; se quitan de en medio a Payá y encima lo pintan de tal manera que pareciera que ha sido un imberbe muchacho de Nuevas Generaciones el causante de la muerte de este activista y, por tanto, tiene que sufrir el duro castigo que se le imponga, al menos mientras duren las negociaciones con la embajada española de La Habana.
Tampoco vamos a hacer la vista gorda y creer que el régimen de los hermanos Castro es similar a una ONG, a una asociación de beneficencia, a las hermanitas de la caridad o a unos frailes franciscanos. La actual Cuba es un infierno disfrazado de paraíso. El visitante que va a disfrutar del ocio, sin meterse en problemas o en líos políticos, disfrutará de una estancia agradable. Quien vaya a intentar ayudar a la llamada disidencia, se verá involucrado en un entramado de conspiraciones y tretas diversas para aparecer ante la opinión pública cubana como un verdadero traidor al régimen.
Insisto, esperamos con ansias que los servicios diplomáticos españoles hagan su labor y traigan de vuelta lo antes posible a Ángel Carromero y que aquí, ya sin ataduras ni coacciones, nos cuente su versión de los hechos. El vídeo que tuvo que hacer es más propio de aquellas personas forzadas a un cautiverio, pero que tienen que dar la imagen de que se encuentran perfectamente y que entienden a sus captores. Pero está claro que el tiempo que ha pasado y los mensajes que no están llegando a España no son nada alentadores y, lo peor de todo, es que están sembrando la sombra de la duda.
Juan Antonio Alonso Velarde