El caso es que nuestro actor, después de ser zejatero, prosaharaui, indignado a tiempo parcial o sindicalista de UGT-CCOO, ahora se suma a la lucha obrera del clan Sánchez-Gordillo, ese alcalde de Marinaleda, diputado de IU y miembro del sindicato SAT cuya manera de arreglar las cosas es asaltando supermercados u ocupando fincas y propiedades que, a su juicio, son fruto del malévolo capitalismo. El señor Toledo, aburrido que debía de estar, se unió al grupete del caballero del pañuelo palestino y sin que nadie le dijera nada, allá que se puso a la cabeza de la pancarta. Eso sí, la vocación le durará justo el mismo tiempo que los organizadores de estas marchas le hagan de menos o directamente le pongan en el AVE rumbo a Madrid.
No sé si Toledo busca que Pedro Almodóvar le reclute o le rescate del anonimato para hacer una adaptación de Mujeres al borde de un ataque de nervios, pero en versión masculina, donde podría perfectamente compartir escenario con Javier Bardem o Juan Diego, otros expertos 'analistas' de la realidad española a pie de calle y doctores honoris causa tras su tesis 'La pancarta, el pañuelo palestino y mis subvenciones...ni tocarlas'. Pero lo que está claro es que alguien tiene que decirle claramente a este actor que debe dejar de hacer el ridículo, más que nada por su propio (aunque escaso) prestigio. Y es que el miembro de Animalario y actor estelar en 'El otro lado de la cama' ha pasado a interpretar 'En lo profundo del fango', una ópera bufa que pretende ser transgresora, pero que no provoca más que la hilaridad entre los asistentes.
Juan Antonio Alonso Velarde