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23 Ago

Las leyes en España, definitivamente, están redactadas por Mortadelo y Filemón. Basándose en la siempre perversa jurisprudencia (más que nada porque se aplica cuando al juez de turno de conviene)

Jesús María Uribetxeberria Bolinaga, secuestrador del ex funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara y asesino de los agentes Mario Leal Vaquero, Pedro Galnares y Antonio López, ha salido de la cárcel, de momento camino del hospital, pero en breve se espera que incluso salga también del recinto sanitario para, según los acólitos de ETA, disfrutar de sus últimas semanas de vida, ya que se encuentra aquejado de un cáncer irreversible y que, según dicen, es terminal.

Independientemente de que tengamos que dar por válida la máxima de que la vida humana debe primar por encima de todo, no podemos tampoco abstraernos de las barbaridades cometidas por ese sujeto que, visto su historial, no tuvo la más mínima compasión con los policías a los que asesinó ni con Ortega Lara, al que trató de manera vil y rastrera y que a punto estuvo de provocar el suicidio del que fuese funcionario de prisiones, aunque a juicio de la señora Elvira Rodríguez (PP) este señor no tiene criterio para opinar sobre ETA (verídico como la vida misma).

Sea como fuere, el tal Bolinaga se aprovecha de una fisura que las leyes han convertido en legal, pero que parece que sólo tiene vía exprés cuando se trata de autores materiales de atentados. Y es que según los datos que obran en poder del Ministerio de Interior, son cerca de un millar de presos comunes que están en la misma tesitura que este etarra, pero que al carecer de la capacidad de presión mediática y política de la que parecen gozar los señores de la bomba lapa y el tiro en la nuca, pues nada, toca pudrirse en la cárcel y en demasiadas ocasiones perecen entre barrotes mientras llega el ansiado tercer grado por razones humanitarias y sanitarias.

Desde luego, tiene trabajo por delante el señor Alberto Ruiz Gallardón al frente del departamento de Justicia para revertir este completo dislate y disparate jurídico. Insisto en que no deseo la muerte de nadie, pero sí que cumplan íntegras sus penas quienes tienen delitos de sangre y que, por supuesto, se reinstaure la cadena perpetua para esos casos de especial saña terrorista. No es de recibo que quien sea sorprendido robando unas gallinas acabe más tiempo a la sombra que quien se carga a 25 personas y hoy, por ejemplo, disfruta de una plácida vida irlandesa.

Juan Antonio Alonso Velarde

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Juan Antonio Alonso Velarde

Actualmente es redactor en Madrid del área de política en Periodista Digital. Es columnista de opinión en las páginas de Canarias del periódico ABC, contertulio en el programa Tenerife Week, en Radio Unión Tenerife; en a Todo Tenerife, en Es Radio Pulso Tenerife y en La Alpizpa, en Canarias Radio La Autonómica.

Sitio Web: juanvelarde.blogia.com/

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