Desde Presidencia del Gobierno de Canaria se intentó culpar al ministro del ramo, Miguel Arias Cañete, de su torpeza y de su impericia a la hora de dar las órdenes pertinentes para que los hidroaviones operasen. Incluso, en el colmo del despropósito, Rivero llegó a afirmar que desde Madrid se les había ninguneado con la petición de disponer de una base temporal de hidroaviones. Sin embargo, ni las hemerotecas recogen tal fallida petición ni el titular de Medio Ambiente iba a consentir que le dejasen por mentiroso. Él fue claro y contundente: "En la conferencia sectorial nadie del Gobierno de Canarias nos pidió hidroaviones". Más claro, el agua.
Otra cosa, evidentemente, es que desde el Ejecutivo estatal se velase por la integridad de los terrenos más proclives a incendiarse (o a ser incendiados, como parece que es el caso de La Gomera) y cubrir lo que la incompetencia de ciertas comunidades autónomas deja al descubierto. Las autonomías piden y piden, pero luego se lavan las manos en cuanto surge un problema de hondo calado. El Gobierno de España tiene su parte alícuota de culpa en este incendio, pero desde luego quienes tenían la responsabilidad, Cabildo de La Gomera y Ejecutivo canario, han actuado de manera nefasta y esperemos que se aclare punto por punto quién, cómo, cuándo, por qué y dónde se dieron unas órdenes que no respondían a la dramática situación que han vivido los gomeros.
Juan Antonio Alonso Velarde