Sí, de esta política que grabó o le grabaron un vídeo en el que ella se masturba y que alguien, algún desalmado, lo difundió por la red, unas imágenes que durante algunas horas circularon por youtube, en webs españolas y aún por alguna página extranjera. Lo peor de todo es que es demasiado fácil acceder a ese vídeo, sobre todo porque tiene un contenido erótico bastante elevado y ya sabemos como los menores son capaces de encontrar lo más recóndito en el océano infinito de la red de redes.
La concejal, en un gesto que le honra, ha solicitado formalmente su dimisión ante el escándalo que suponen esas imágenes. Por supuesto, esta persona, la señora Hormigos Carpio, ha pecado de imprudente por dejarse grabar esas imágenes o por hacerlas ella misma. Hay cuestiones que son tan íntimas, en este caso la práctica del sexo, que no tiene sentido grabarse. ¿Para qué? ¿Para disfrutar luego de las mejores jugadas? ¿Para hacerle un 'regalo' especial a su esposo? Luego pasa lo que pasa, que el material cae en manos inapropiadas y te pegan la puñalada trapera de una manera bestial.
Sin embargo, dejando a un margen el gesto imprudente de esta señora, no puede quedar impune el autor de esta felonía, de una acción que está tipificada como delito que puede tener hasta una pena de cárcel de ocho años. Y hoy en día, con lo avispados que están en las brigadas de delitos tecnológicos, ya sea de la Policía Nacional o de la Guardia Civil, es posible que en cuestión de pocos días sea detenido el sinvergüenza que ha difundido estas imágenes por la red y que, insisto, han estado y aún están al alcance de cualquier internauta.
Desde luego, esta señora habrá aprendido una lección que, haciendo honor a su nombre, nunca olvidará, especialmente por la repercusión que ha tenido en estas últimas horas y que la llegaron a convertir en uno de los temas más recurrentes del día en una red como Twitter. Lo que sucede es que me apena que esta política tenga que dejar su cargo por una cuestión personal cuando hay otros políticos que han mangado a espuertas o que se han aprovechado de su situación para recibir regalos y demás prebendas y que siguen yendo por la vida con la cabeza alta y partiéndose de risa cuando dicen que son inocentes, completamente inocentes.
Juan Antonio Alonso Velarde