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02 Nov

Sonará petulante y hasta puede ser que de la imagen de tipo ególatra, vanidoso, engreído, sabelotodo y niño pera y repera, pero lo vengo diciendo desde hace ya unos años, que en España nos hemos atontado y embobado con la celebración de Halloween como si fuese una fiesta más de nuestro acervo cultural.

Falso de toda falsedad, se trata de una costumbre que hemos importado de los Estados Unidos, país donde, dicho sea de paso, la trajeron de Irlanda, pero ni mucho menos tenía que ver con el fenómeno en el que ha derivado y degenerado en la actualidad.

Al socaire de las máscaras, de las dentaduras de pega, de un maquillaje gótico y terrorífico, muchas localidades españolas se preparan para vivir cada 31 de octubre por la noche un verdadero carnaval fantasmagórico, un ritual que sigue siempre las mismas normas, jóvenes y no tan jóvenes dispuestos a competir en una brutal carrera de bebidas espirituosas y otras cuestiones que les llevan, incluso, a pasarse de la raya y a perder toda noción y consciencia de lo que están haciendo.

Así, es normal que el 1 de noviembre, después de haber desayunado, uno se encuentre como noticia de portada en Periodista Digital que tres chicas han fallecido en una macrofiesta de Halloween en el Madrid Arena víctimas de un aplastamiento porque a alguien, un descerebrado a todas luces, se le ocurrió lanzar una bengala en un pasillo de local que en ese momento estaba atestado de decenas de miles de jóvenes. ¿Y ahora quién le devuelve la vida a esas tres jovencitas?

Sí, alguien podría rebatir fácilmente que no es preciso celebrar Halloween para que se produzcan estos sucesos y estoy perfectamente de acuerdo, pero también con un matiz, parece que a más de uno se le va la cabeza con esta celebración. Como si fuese una premonición o una mala profecía, el ir disfrazado de muerto viviente, de novio o novia de la muerte y demás personajes del mundo subterráneo ya pone en situación y en contexto a quienes pretenden pasar una noche de muerte y desgraciadamente en algunos casos se cumple la letanía. Pero nada, dentro de 364 días nos habremos olvidado de lo sucedido y seguiremos haciendo el bestia hasta que, naturalmente, se produzca otra muerte por aplastamiento o por ingesta de bebidas en mal estado. Total, en Halloween parece estar todo permitido.

Juan Antonio Alonso Velarde

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Juan Antonio Alonso Velarde

Actualmente es redactor en Madrid del área de política en Periodista Digital. Es columnista de opinión en las páginas de Canarias del periódico ABC, contertulio en el programa Tenerife Week, en Radio Unión Tenerife; en a Todo Tenerife, en Es Radio Pulso Tenerife y en La Alpizpa, en Canarias Radio La Autonómica.

Sitio Web: juanvelarde.blogia.com/

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