Pero no ha sido el caso.
Dicen los finos y expertos analistas de la cosa yanqui que a Obama le vino de perlas la catástrofe del Sandy, que supo ponerla a su favor, que fue una semana en la que se puso el país por montera y seducir a los llamados indecisos. Comparado, por ejemplo, con la catástrofe del Katrina, el presidente y candidato a la reelección no dejó que aquello adquiriese tintes de improvisación y planeó cualquier intervención ante los millones de votantes de manera milimetrada. Y eso a los americanos les encanta. Gestión sí, pero también escenografía.
Y claro, cuando llega al ciudadano estadounidense que su candidato republicano, el señor Romney es capaz, por ejemplo, de poner en solfa a casi la mitad del potencial electorado acusándoles de no pagar impuestos y de que su programa ni está pensado para ellos ni tampoco tiene el mayor interés en los mismos o que, por ejemplo, se ponga a opinar del conflicto de Israel y Palestina como un imberbe parvulito, está claro que eso acaba deteriorando cualquier campaña de imagen por muy bueno que sean los publicitas que te busques para la campaña.
A fin de cuentas, Estados Unidos tenía que votar entre el pacifista-belicista y el granjero venido a más. Obviamente, guerras incluidas, uno se queda con Obama antes que con un personaje que dudo mucho superase en coeficiente intelectual a George Bush, aunque siempre puede haber sorpresas....desagradables y percatarnos de que la especie republicana empeora.
Juan Antonio Alonso Velarde