Sin embargo, cuando esto empieza a cobrar unos tintes de tongo masivo es en el que se entrega para cerrar el año 2010. Xavi, Iniesta o Messi optaban al preciado título personal y, salvo sorpresa, alguno de los dos jugadores españoles se habían hecho acreedores al galardón, máxime porque España había sido campeona del Mundo. Pues ni con esas, el premio fue a parar a las manos de Messi, que también recibiría los de 2011 y 2012. El problema fue que en esas dos ediciones el criterio volvió a cambiar. Un año no tenían tanto importancia los goles anotados (Ronaldo se salió de la tabla, pero el Barça presentaba Liga, Champions, Supercopa, Supercopa de Europa y Mundialito de clubes) algo que sí tuvo influencia en 2012, cuando la Liga ganada por el Madrid de Ronaldo no era suficiente ante la fiebre anotadora de Messi.
Y claro, para la presente edición, sólo faltaba que el abuelo se pusiera a fumar o, mejor dicho a hacer el borrachín patoso, para que quedase perjudicado Frank Ribéry, al que le han pispado su premio porque el presidente de la Fifa, el ínclito Blatter, se puso a hacer el chorra en una conferencia imitando los gestos de Ronaldo y alabando a Messi. A partir de ahí, campaña pro-Cristiano Ronaldo, amenazas veladas (y sin velar) de que el jugador luso dejaría plantada a la organización y ampliación inédita del plazo de votación (cuando ya estaban todo escrutado).
Es decir, la payasada del máximo rector de la Fifa le ha supuesto al galo del Bayern de Munich quedarse con la cara a cuadros porque al suizo se le fue de las manos un acto en el que debería de mantener escondidas sus predilecciones. No es de extrañar que se hable de Ángel María Villar como su sucesor natural, básicamente porque es otro elemento que cuando habla suele montarlas de órdago a la grande, amén de que también le ha cogido gusto a eso de estar pegado y apegado a la teta del poder.
Juan Antonio Alonso Velarde