En fin, el señor alcalde a la prensa le dice que él no tiene que dar explicaciones de nada, patrimonio del Cabildo (ahora también en manos del PSOE), ni contesta a los ciudadanos que oficialmente le han requerido información sobre los expedientes y las comunicaciones que había habido con ese Ayuntamiento respecto a la protección de esos inmuebles. Nada, simplemente se tiró y ya.
Pero, como salta a la vista, la urgencia no era por ningún problema de seguridad ni de calles estrechas porque cuando ya vamos para nueve meses ahí no hay parto ninguno, el supuesto peligro y las estrecheces siguen siendo las mismas con la diferencia de que en lugar de casas «disfrutamos» de una escombrera. Ahí, y en todo el municipio, la movilidad, sobre todo el peatón, es un auténtico caos de siempre. Incluso caminar por los márgenes de la carretera general supone un auténtico peligro para cualquiera, pero lo urgente era desaparecer este pequeño trozo de patrimonio que le quedaba al municipio norteño donde en pocos años, y a este paso, no quedará ni rastro de lo que fue la casa tradicional canaria. Fuera con todo.
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