La experiencia de ese primer AVE resultó tan sumamente satisfactoria que, poco a poco, aunque con una pereza digna de un oso tras la hibernación, empezaron a surgir nuevos trayectos a puntos relevantes de nuestra geografía; Málaga, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Valladolid, Alicante o el ansiado AVE a Galicia. Cierto es que la cornisa cantábrica aún está deficitaria de esta instalación, amén de otros problemas que han surgido con la famosa Y vasca donde los de siempre sigue 'explotando' la construcción de esa vía férrea.
También es verdad que en cierta medida, una vez nos hemos subido a la locomotora del AVE, ha habido una cierta pasada de frenada en el sentido de que estamos llevando demasiado lejos lo del AVE. ¿Acaso era necesario llevar un tren de estas características a Toledo desde la capital de España? Claro, evidentemente, ese trayecto pasó de hacerse en un tren normal de una hora a apenas 27 minutos, pero los responsables de Renfe se dieron cuenta del tremendo disparate y del derroche de un tren que tampoco cogía tanta gente. Y es que con la crisis y sobre todo si hay que tomar todos los días un Toledo-Madrid para ir a trabajar o la universidad no era cuestión de gastar 20 euros cuando se podía hacer un ida y vuelta por mucho menos en otro tipo de tren menos rápido o en autobús.
Por eso, y con buen criterio por parte de la compañía, ahora se empiezan a reorganizar no sólo ciertas conexiones, sino que también se estudian a conciencia la nuevas líneas a crear, si bien, todo hay que decirlo, el Ejecutivo se ha plegado a los caprichos de los separatistas catalanes construyendo nuevas estaciones de AVE en Gerona y Figueras, un verdadero despilfarro sobre todo si nos ponemos en el contexto de que dentro de dos décadas igual Cataluña es como Ikea, la república independiente de Mas y herederos.