¿Alguien puede explicar qué hacían estas tres niñas a altas horas de la madrugada? ¿Nos hemos vuelto locos o qué? ¿Qué padre puede mantenerse ajeno a lo que hace una cría de 12 años? Dicen que la pequeña había comentado en su casa que iba a dormir con una amiga. Bien, pero en ese caso, ¿no podrían hacer los padres una mera comprobación, una llamada para comprobar la veracidad de esas intenciones? Visto lo visto, está claro que a veces es más sencillo creer en la versión de la menor y echarse a dormir. Podemos convenir que en pueblos pequeños todo el mundo se conoce y que hay mayor confianza y relajación...hasta que las desgracias sobrevienen y no hay vuelta atrás ni manera de resucitar a quienes han fallecido en tan absurda circunstancia.
Insisto, es duro perder a un hijo y mucho más de la manera en la que han perecido estas tres chicas. A los padres jamás se les va a olvidar esta lección, pero lo importante es que otros padres de familia tomen nota de lo sucedido y tengan más control sobre las entradas y salidas de sus pequeños, especialmente a partir de ciertas horas. Lo que no es tolerable es que tres menores puedan campar a sus anchas a las siete de la mañana por una carretera, sin vigilancia alguna y al socaire de sufrir, como ha pasado, un atropello o, si me apuran, quedar desprotegidas ante el ataque de algún chalado. Ya se sabe que esta es la eterna lucha entre hijos que reclaman más libertad y padres que temen que se pueda abrir la caja de Pandora del libertinaje.
Juan Antonio Alonso Velarde