Además, la elección para ocupar la cartera de Sanidad a alguien que se apellida Mato...pues como que no es muy conveniente. Esto es como si pones al frente del ministerio de Fomento a alguien que se apellida Derribo o Accidente. Pues como que queda un poco chusco. Pero fuera de apellidos, lo cierto es que Ana Mato ha sido una política bastante insoportable, pésima comunicadora, incapaz, torpe hasta decir basta. Sólo hubo que verla con las ruedas de prensa sobre el ébola, aunque en este caso hay que decir que lo de la mala comunicación en el PP ya es algo que debe venir en el ADN. No se pudo hacer tanto el ridículo en tan poco tiempo. Menudo personaje.
Para más inri, la decisión (a empujones) de Ana Mato ha venido a coincidir en el momento en el que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, presentaba un paquete (el enésimo) de medidas contra la corrupción. Hay quien sostiene que esto ha sido a modo de aperitivo y habrá quienes piensen que esto estropea (y mucho) la fortaleza de un presidente que ha mantenido contra viento, marea y Jaguares a la ministra en su cargo. Veremos a ver cómo sale de ésta el Ejecutivo, pero está claro que forzar su salida después de que el juez Ruz dejase claro que la señora Mato tenía la mácula de Gürtel no convierte a Rajoy en el súper héroe contra la corrupción, sino en un vago contumaz que espera que siempre se lo den todo hecho.
Juan Antonio Alonso Velarde