A Iglesias, lo que le mola, es poder tener una, dos, tres y todas las televisiones rendidas a sus pies. Él se cree el más chulo del lugar y va a los sitios con esa cara de niño que parece no haber roto en su vida un plato, pero detrás de esa careta se esconde un personaje siniestro capaz de acometer las mayores atrocidades contra los que no le ríen las gracias. Fíjense lo que le pasó a Echenique. Intentó encabezar una alternativa a Iglesias y al perder ese pulso ya es un apestado dentro de Podemos. Si estuviésemos tras el telón de acero de los años 60, a este buen señor le habrían hecho un juicio sumarísimo. Hoy, en cambio, les vale con el ostracismo...de momento.
La estética de Podemos es un calco de lo que podía pasar en la Rusia comunista o en la Cuba más castrista. Allí nada se mueve si no lo ha supervisado antes el ojo del amo de la finca. Una mera traición, por muy nimia que esa fuera, significaba el pasaporte a mejor vida. Este es el modelo que a ellos les gustaría aplicar a toda costa, una depuración de los no leales a la causa podemita.
Desde luego, como estos tíos tengan poder, ya podemos ir preparándonos para lo que nos viene. Lo primero que harán es ir medio de comunicación por medio de comunicación no adepto a sus ideales y, en cuanto tengan la más mínima oportunidad, para casa que nos manda...y además sin cobrar el paro... porque seguramente ese dinero será para reinsertar a los otros amores de Pablo Iglesias, los presos de ETA.
Juan Antonio Alonso Velarde