Desde luego, las señoras de la limpieza deben ser lo único honrado que queda en Bankia, amén de muchos empleados que no comulgan con las maniobras arteras de sus superiores, pero que no les queda más remedio que ejecutar porque o es eso, timar y estafar a los clientes con determinados productos, o ser plantados en la mismísma calle. Porque, claro esta, la desvergüenza de quienes han llevado a la señera entidad al desprestigio más lacerante es de tal magnitud que incluso tienen la santa caradura de pedirles a sus subordinados que se apliquen al máximo en colocar productos tóxicos a la clientela. Y si pican, mejor que mejor.
A mí, verdaderamente, me asusta pensar que todos los banqueros pueden ser unos golfos de tres pares de narices. Pero desde luego, después de Blesa y Rato no esperaba que el actual presidente nos saliera por peteneras y también esté pringado en temas de falsedad documental. De verdad, vuelvo a preguntarlo, ¿hay alguien honesto en Bankia al margen de las señoras de la limpieza? Es que no te recuperas de una y te metes en otra a cada cual más surrealista.
Esperemos que, al menos aquí, el Pequeño Nicolás no haya metido su cuchara o su cámara porque, visto lo visto, no me extrañaría que Rato y el Goirigolzarri de marras le hubiesen concedido algún tipo de crédito a fondo perdido. Y es que entre golfos anda el juego y entre golfos se entienden a la perfección. Como diría Romanones, ¡Vaya tropa!
Juan Antonio Alonso Velarde