Y es que la larga tradición de políticos de medio pelo que ha sufrido Santa Cruz de Tenerife a lo largo de sus últimas décadas no ha invitado, precisamente, a preservar la esperanza de que alguien tome cartas en el asunto y proceda a la restauración y conservación de los lugares e inmuebles más emblemáticos de la ciudad. Al contrario, CC (Coalición Canaria o Construcciones y Contratas) ha encontrado mucho más atractivo jeringar los vestigios históricos de la capital. A los Zerolo, Hermoso, Melchior, Adán Martín, etcétera, etcétera, lo que siempre les ha atraído es la política del pico y pala, pero no el de Esperanza Aguirre, sino el pico y pala literales, el de abrir zanjas por aquí y por allá, dejar Santa Cruz empantanada y llevarse por delante joyas como la fuente de la Plaza de la Paz.
Como el Balneario no era atractivo para los aviesos intereses de los políticos de turno, se ha ido dejando dormir el tema de una manera descarada, pasándose la pelota entre Gobierno de Canarias, Cabildo de Tenerife y Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife hasta conseguir, por ejemplo, que sucedan cuestiones como ésta, que se caiga un muro que pudo llevarse por delante la vida de tres chicos.
Está claro que Bermúdez, el recién reelegido alcalde, cumple la máxima de Rajoy, no hacer nada y esperar a que el tiempo pudra las cosas, ya se llame mamotreto de Las Teresitas o ahora Balneario de Santa Cruz de Tenerife. Desgraciadamente, son los propios santacruceros los que están respaldando este tipo de políticas y de actitudes pasotas. ¿Hasta donde serán capaces de aguantar? ¿Tal vez hasta que su querida ciudad haya quedado desposeída de cualquier vestigio cultural?
Artículo publicado originalmente en ABC Canarias
Juan Antonio Alonso Velarde