Una vez más, se juega con el drama personal de millones de personas que no tienen acceso a ese maná llamado empleo y ven que si encima han agotado la prestación, ahora deben cumplir con una serie de requisitos para poder acceder a esas ayudas.
Soltaban a dúo las señoras Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez (la de los juegos multimedia) que un desempleado que ya haya agotado la prestación y que viva en casa de sus padres, no tendrá derecho a percibir esos 450 euros. Salvo que la letra pequeña indique otra cosa y se distingan escenarios, podríamos encontrarnos con un supuesto nada extraño, matrimonio en el que él sea pensionista, la mujer tenga que recibir un tratamiento médico pelín costoso que se lleve casi el 90% de la pensión que percibe el esposo e hijo de 27 años que lleva dos años cansándose de dejar currículums porque tras su último empleo no encuentra ni siquiera un puesto como camarero en cualquier macrofiesta. Según esta normativa, este joven no tendría derecho a percibir los famosos 450 euros porque reside en casa de sus padres, a pesar de que estos, precisamente, muy boyantes no andan en materia económica.
Y como esta situación, puede haber decenas de miles, cientos de miles y algún que otro millón. Nuevamente, vemos como se pone un parche nimio a un gran pinchazo. La rueda, que en este caso es el empleo de España, podrá recorrer así unos pocos kilómetros, pero en cuanto el rozamiento dure un poquito, ni parche ni nada. El problema es que ya se han sufrido demasiados pinchazos y el neumático está como está, hecho un auténtico asco y a punto del reventón. Entonces ya no sólo será cuestión de cambiar la rueda, sino que el coche, que es el país, puede acabar despeñándose por la ladera del barranco hasta dejarnos en un estado comatoso o vegetativo.
Mientras los que gobiernan, sean rojos, azules, comunitas, centristas, 'upeidistas' o de las regeneraciones-reconversiones-sociedades civiles que crecen como setas, no se den cuenta de que el problema del desempleo no se resuelve con limosnas, España seguirá siendo una fábrica especializada en fabricar parados y cada vez de más larga duración. Y es que, por ejemplo, cuando se habla pomposamente de los cursos de formación, a veces estos derivan (si es que llegan a derivar) en una especie de charla sobre la confección del currículum-vitae. Y oiga, que sí, que está muy bien que sepamos vendernos ante el futuro empresario, pero digo yo que será más beneficiosa una buena formación. Sin embargo, y es la triste realidad, quien desee prosperar laboralmente debe costearse de su bolsillo la misma. El problema es cómo cuando no se tiene con qué. Pero esto, intramuros de La Moncloa, no parece preocupar lo más mínimo.
Juan Antonio Alonso Velarde