Y es que sólo hace unos días otra persona tuvo que ser atendida por efectivos sanitarios tras sufrir una caída desde el piso segundo, un capítulo más (y mucho hay que temer que no sea el último) en una larga historia de un establecimiento (si es que así se le puede llamar) que está prácticamente en el esqueleto, pero que son 21 plantas de auténtico riesgo, de peligro de derrumbe en cualquier momento, pero que mientras el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife se decide a tomar cartas en el asunto, los jóvenes, los drogadictos, los sin techo y las parejas sin medios para costearse una pensión para satisfacer sus ansias amatorias se juegan el tipo adentrándose en una infraestructura que es tan segura como caminar por la cuerda floja. Un riesgo tan absurdo como innecesario.
El problema es que este hotel se empezó a levantar a finales de los años 70 gracias a una empresa de capital alemán y que, cuando ya tenía conformado el esqueleto, pero sobrepasando por mucho la altura permitida, los socios capitalistas tomaron las de Villadiego y no pagaron a nadie. Huyeron y desaparecieron igual que una pompa de jabón. Nunca más se supo de ellos...salvo la obra de arte que han dejado en la costa de Añaza.
Durante estos más de 30 años, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife trató de endilgarle el mochuelo al Estado y éste dijo que nones, que ahí la competencia era plenamente municipal. Tal vez, digo yo, será porque esa parte de la costa tinerfeña no ha sabido ser explotada como lugar turístico, porque si no, y ahí tenemos el caso de Cho Vito, miren como rápidamente el Ministerio de Medio Ambiente está presto y dispuesto a traer las palas para derribar unas viviendas supuestamente ilegales. En cambio, un hotel abandonado y donde no hay posibilidad humana de encontrar a sus legítimos dueños, permanece altivo, impertérrito y de pie a la espera de que a alguien en la Casa de los Dragos se le ocurra una idea...Pero mientras, jóvenes y no tanto siguen franqueando su umbral con la Espada de Damocles pendiendo sobre sus vidas.
Juan Antonio Alonso Velarde