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12 Sep

¿En qué están pensando las autoridades españolas encargadas de la seguridad aérea para meterle definitivamente un puro de los gordos al señor Michael O'Leary, presidente de Ryanair, esa aerolínea que es de tan bajo coste que incluso hasta la seguridad sigue por los mismos parámetros, revisiones casi nulas y combustible insuficiente en caso de una contingencia (y cuando un cacharro de estos sobrevuela el espacio azul todo puede pasar)?

Desconozco qué tipo de acuerdo tiene el empresario aeronáutico con los políticos nacionales y regionales para que le permitan las mil y una barrabasadas que ha ido cometiendo en los últimos tiempos, pero preocupa sobremanera que en medio año, de enero a junio de 2012 haya registradas más de 1.200 incidencias de relevancia en territorio español y que este tipo siga tan campante y anunciando a los cuatro vientos que cuanto más importancia se le den a los fallos de Ryanair, muchas más reservas se producen. Vamos, eso se lo debe creer él después de haber tenido abierto un rato largo un bote de pegamento Imedio porque nadie en condiciones normales se atrevería a meterse en una ratonera con alas donde los ingredientes que le esperan al pasajero son: despresurización de la cabina con riesgo de que te acaben sangrando los oídos, falta de combustible, mascarillas que no funcionan o retrasos inexplicables, amén de gastos extra por cualquier tontería.

Con Ryanair se hace carne el ejemplo de que nadie da duros a cuatro pesetas. Cuando una compañía vende a 10 euros billetes para destinos que en condiciones normales pueden suponer 300, 400 o 500 euros, pongamos por ejemplo un viaje Madrid-Londres, está claro que el truco está por algún lado. ¿Dónde? Eso es lo que sufren los pasajeros que deciden jugarse el tipo, ahorrarse unos euros, que en tiempo de crisis no está nada mal, para llegar a destino.

Desde la compañía se ha dejado caer indirectamente que qué esperaban los viajeros, que los billetes son muy baratos y que, evidentemente, no pueden ofrecer los servicios de otras compañías. De acuerdo, convengamos que no pueden ofrecer ni prensa ni catering a los clientes (al fin y al cabo en los vuelos nacionales los de la clase turista tienen que pagar por esos servicios), pero en lo que no se puede escatimar es en la seguridad. El cliente se va a lo barato porque entiende que el nivel de preocupación porque el vuelo transcurra en las mejores condiciones nada tiene que ver con el precio que paga. Sin embargo, Ryanair ha demostrado que la seguridad se la trae al pairo...hasta que suceda una desgracia irreversible.

Juan Antonio Alonso Velarde

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Juan Antonio Alonso Velarde

Actualmente es redactor en Madrid del área de política en Periodista Digital. Es columnista de opinión en las páginas de Canarias del periódico ABC, contertulio en el programa Tenerife Week, en Radio Unión Tenerife; en a Todo Tenerife, en Es Radio Pulso Tenerife y en La Alpizpa, en Canarias Radio La Autonómica.

Sitio Web: juanvelarde.blogia.com/

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