Los empresarios, aunque sea con la boca pequeña, empiezan a estar sumamente molestos porque ven que sus ventas están bajando considerablemente, y hasta los presidentes de las grandes cajas o bancos catalanes guardan un sospechoso silencio porque saben que no pueden ir en contra de un partido que les debe millones, pero tampoco son desconocedores de que gran parte de su cartera de clientes está en el resto de España y la secesión sería poco que menos que firmar directamente la ruina financiera.
Desde luego, en condiciones normales, todo lo que ha salido respecto a la financiación supuestamente irregular de CiU sería como para que alguien se le lo hiciese ver en las urnas y darle una tremenda torta de realidad a modo de quedarse lejos de una victoria holgada. Pero en Cataluña los independentistas han sabido construir un hábil discurso basado en lo mala que es Madrid, que siempre está intentando expoliar a los catalanes, a ese honrado pueblo donde todo es de color de rosa. Lo que se ha sabido vender muy bien, y que como ejemplo de campaña de marketing es ideal, es que es preferible ser sableado a razón del 3% por un rancio nacionalista de Esplugues de Llobregat a que venga alguien de la cosmopolita Barcelona, militante en el PP o Ciudadanos, y proponga ideas que contribuyan al bien de Cataluña y del conjunto de España.
Juan Antonio Alonso Velarde