Los sectores estratégicos, y el transporte lo es —y más, si cabe, en territorios archipielágicos— no deberían dejarse en manos privadas. La razón de ser de las empresas, por definición, es obtener beneficios; y consecuentemente, dar respuestas a necesidades sociales. Cuando se crean y establecen lo hacen después de realizar un estudio de mercado (ubicación, oferta y demanda, competencia...) que les garantice, al menos en teoría, los resultados deseados. Por tanto, y en simple lógica, no se deben crear empresas donde a priori no se dan las condiciones de viabilidad requeridas. Si el transporte marítimo con la isla de El Hierro no es rentable, en términos globales, ¿qué sentido tiene llevarlo a cabo? ¿Por qué las compañías marítimas se empeñan en esa tarea?
Como en su día la compañía Trasmediterránea dejó de navegar entre las islas, bien por que nadie luchó — o lo hizo con torpeza— por que se quedara, bien por otras razones—, en el presente no existe ninguna naviera de titularidad pública. Y eso me parece que se debería considerar un error. Para estimular a las navieras a operar con El Hierro, y dado que no es rentable, el gobierno otorga subvenciones. (Desconozco el monto de las mismas y los pagos pendientes; supongo que no se las adeudará nada, pues no he visto que hayan cesado a ningún responsable). Los resultados de la mala gestión siempre golpean a los ciudadanos herreños, quedando a merced de las vicisitudes operacionales de las navieras, que mudan las frecuencias, los precios y los trayectos a su conveniencia.
Imagínense durante un momento que a algún iluminado se le pasara por el magín privatizar la Enseñanza — ¿quién se haría cargo de la misma en la isla?—; la Sanidad — ¿quien montaría un hospital en El Hierro?—; Correos — ¿llegarían los envíos a los núcleos apartados?—...
El Hierro, como otros lugares patrios, es una isla deficitaria. Cuenta con escasos recursos y apenas tiene ingresos; en cambio, genera gastos. Y estos deben ser atendidos por el sector público, de lo contrario, como sostienen algunos políticos herreños, la isla puede quedar desabastecida. Para evitarlo, se precisa la solidaridad de los demás. Lo que no es óbice para que los herreños arrimen el hombro tratando de generar recursos e ingresos que enjuaguen los gastos. Y no solo pedir y esperar subvenciones y ayudas.
¿Hasta cuando habrá que seguir batallando para llamar la atención sobre un asunto que hace décadas tendría que estar resuelto? El gobierno canario tiene transferida esta competencia y no parece muy empeñado o capacitado en dar una solución definitiva al problema. Lo único que se constata es una ineficacia congénita. Van poniendo toscos remiendos que aguantan un tiempo y de nuevo hay que reclamar otros para seguir sobreviviendo. ¿Hasta cuando?
La competencia del transporte, insisto, está en manos del gobierno autonómico. "Canarias, lo primero", se jactan de proclamar. Estos políticos nacionalistas, caciques de los territorios ultra periféricos, son especialistas en endosar la responsabilidad de mala gestión y la incompetencia al gobierno central de turno, apropiándose ellos únicamente los aciertos. Que asuman su responsabilidad, que revisen la capacidad de gestión —si las legañas del endiosamiento les dejan—, que formateen sus cerebros rallados de impotencia y, si algún rayo de luz les alcanza que se retiren a la cueva, a dormitar al sombrajo; la engañifla y los tenderetes, no engullen la penurias.
Los políticos herreños, defendiendo los intereses de sus votantes, no tendrían que hacer "movidas" como la del 30 de Mayo pasado, para reclamar un transporte digno para la isla. No tendrían que ser necesarias en una comunidad avanzada. ¿Será esta la última vez? La próxima, y espero que no suceda, podría consistir en una acampada sine die, frente de la sede presidencial hasta finiquitar el asunto (regístrese como propuesta).
Para finalizar, me parece oportuno matizar que polizones son aquellos que viajan clandestinamente, es decir, ocultándose de las autoridades (como hiciera en su momento el explorador Núñez de Balboa, quien se ocultó en el tonel de un navío para huir de los acreedores). No es este el caso de los políticos herreños —algunos, autoridades— quienes viajaron a plena luz y con el loable propósito de desalabear un madero que aún está muy "cambado".
En vez de cerrar las emisoras de televisión canaria —por lo menos, una; ¡con lo que cuestan, Virgen de los Reyes!— el gobierno decide clausurar el CECOI de El Hierro y ya se habla de suprimir el Área de Salud. (¿Y, después...?). Es más importante el seguimiento del presidente canario y su troupe, de sus andanzas populistas por las islas y fuera de ellas, que la seguridad de una tierra con diez mil habitantes. Pero, estos aprendices de la política, necesitan contar con servidores leales para ocultar sus errores y magnificar sus logros. (Aunque, estos últimos, yo ni los huelo).
¡Chitón, no sea que se me pongan más bravos! Ellos y sus paniaguados.
Dicen que la soga siempre se rompe por la parte más floja; los herreños, hasta donde yo sé, no son sogas; y menos aún, flojas.