Si las cuentas no fallan, el número de senadores, en la actualidad, asciende a 266; sus retribuciones individuales, mensualmente, pueden alcanzar los 6000 euros, que elevadas al año suponen una cantidad de 72 000 euros. Si esta cifra la multiplicados por el total de los excelentísimos señores que envejecen en tan esforzada tarea, arroja un total de 19 152 000, euro arriba o abajo. Estos cálculos "groseros" se han hecho sin tener en cuenta las dos pagas extraordinarias (unos 3 192 000€, en total), pues como personas de buena fe no dudamos de que, en estos tiempos de dificultades, sus "señorías" han sabido renunciar a ellas en un hermoso gesto de solidaridad. Si la cifra de 72 000 euros la multiplicamos por 8, que podría ser el tiempo medio de permanencia en el cargo, la cantidad, tirando por el primer sector y sin afinar la puntería, asciende a 576 000 euros, por cabeza senatorial. ¡Tirando por lo bajo, no se me pierdan! Mucho pan, para tan poco curro, como diría un castizo.
Recapitulemos. Si aceptamos como inaceptable la premisa inicial –INVIABLE LA SUPRESIÓN DEL SENADO- será preciso acometer la segunda –REFORMARLO-, al menos en el sentido de modificar el acceso al cargo. Dejarlo de la manera en que está supone una injusticia y una deslealtad hacia los ciudadanos. Para tratar de evitarlas –LA INJUSTICA Y LA DESLEALTAD-, se presenta la proposición que se detalla, sustentada en los siguientes axiomas, emanados de la Constitución:
1. España es un Estado social y democrático de Derecho (LA SOBERANÍA RESIDE EN EL PUEBLO)
2. En España todos somos iguales en derechos y obligaciones.(Art. 14)
3. Todos los españoles están capacitados para ejercer cargos públicos, salvo las excepciones establecidas (DERECHO DE PARTICIPACIÓN).
4. A todos los representantes elegidos se le supone y se les debe exigir un intachable afán de servicio público (ESTA EVIDENCIA NO SE REFLEJA EN NINGÚN ARTÍCULO).
5. Las candidaturas para los cargos –el sufragio pasivo- no son obligatorias.
Si asumimos como ciertos esos principios, y así debe ser, proponemos como senadores, por turno y voluntariamente -aceptando la normativa constitucional en cuanto al numero de candidaturas- a las personas en paro. El cargo tendría una duración de 12 meses, renovados por trimestres. El día 20 de Enero –coincidiendo con la fecha para los pagos de impuestos: IVA, IGIC, pagos fraccionados...-, sería factible para comenzar, "ahumar" (siguiendo con el símil) a 66 senadores actuales, sustituyéndolos por 66 parados que voluntariamente deseen asumir el cargo. En abril, otros 66; en julio y octubre, los restantes. Y así, año tras año. Y si en el paro no hubiese ningún ciudadano –algún día lo veremos, ¿o ya hemos perdido la esperanza?- se continuaría por las rentas más bajas.
A las Comunidades Autónomas se les anularía el privilegio para designar senadores (Art. 69.5), por razones que son obvias (entre otras, blindar a los políticos corruptos y premiar los amiguismos).
Igualmente se debería suprimir el art. 71 (inmunidad parlamentaria), habida cuenta de que los senadores son intachables servidores públicos. Lo que se entiende como aforado es un insulto a la ciudadanía; sería más ejemplarizante no inmunizarlos –"des inmunizarlos", si prefieren- y que sus transgresiones constituyeran, precisamente, agravantes.
Y, también, para reducir gastos, se propone suprimir el servicio de traducción –hablado y escrito- de las lenguas vernáculas utilizadas en el país; por innecesarios, habida cuenta de que el español es la oficial para todos.
Por ultimo, ampliar el periodo de sesiones a once meses , en vez de nueve, estableciendo un mes de vacaciones, al igual que el grueso de los trabajadores.
Esta forma de elegir a los miembros del senado, teniendo en cuenta la utilidad que manifiesta, sería tan viable como la presente; y posiblemente más solidaria.
Y si esto que se plantea les parece una simpleza, una broma de mal gusto, no lo es menos el sistema actual. Al menos, de la manera propuesta, se enjugarían las penurias de algunos ciudadanos y familias, en su caso, -266 al año- y se verían inmersos en la política de un modo activo, como es de rigor en una democracia.
Si estamos educados para vivir en democracia y cumplimos las normas, no deberían presentarse excesivos contratiempos para acceder al cargo, en la forma expuesta. Ni tampoco resentimiento por parte de los "ahumados", protestando porque unos parados sin "cualificación política" perciban retribuciones tan elevadas. ¡Deberían alegrarse, señorías!
Todo es cuestión de imaginación; cambiando los procedimientos, aliviamos las cargas; las socializamos, como ahora le gusta decir a algunos.
Elévese este escrito a sus señorías. Vayan poniendo sus barbas (vello) a remojar y busquen barbero (depilador) apañado. Que nuevos tiempos se avecinan y es de personas nobles advertir de las intenciones.
Y si esta proposición no prospera será porque ciertos postulados y axiomas no son ciertos, que la situación presente es un ganga para los señores aforados o que no nos atrevemos a entrar en el bosque por miedo a las minas.
Eugenio F. Murias