Todo en la vida es supervivencia, no hay otra cosa.
Los seres humanos no son una excepción; al contrario. Y ese instinto [el de supervivencia] es válido a pesar de las variadas combinaciones amatorias; al fin, todas confluyen en el mismo estuario. Se puede afirmar que los simios humanos son las criaturas más fieras y vengativas del inmenso abanico que puebla el planeta. En su afán por dominar los pasos donde abundan las presas y las oportunidades, sojuzgan y oprimen a los débiles. Es tal el ansia, la codicia, que oprimen; acuciados por arrebatos indomeñables.
La ética que debería regular nuestros actos en aras a una vida más justa e igualitaria, se trunca y es una verdadera falacia. Cultivamos con afán la hipocresía, aunque la afeamos en los pregones. Bien mirado, la ética –y la democracia- hacen peligrar la supervivencia; por eso, no dejan de constituir algo ilusorio, algo que se transgrede y que no parece alterar los impulsos de las neuronas. Se dice que el hombre es un animal sociable. Quizá; pero solo a ratos, a su conveniencia. Generalmente se comporta como un animal solitario, dominador y dominante; manteniendo los congéneres a prudente distancia, para no sentir su hedor, su competencia; y utilizarlos, si es el caso.
La democracia implica renuncias personales en beneficio de la tribu, algo que, intrínsecamente, convulsiona nuestro código genético. Vislumbradas sus posibles ventajas se precisa, como digo, renunciar a una parte de los anhelos personales en aras del grupo. Pero no es fácil. La democracia invita a la participación y la igualdad; a compartir. Para asumirla, se precisa educación, tolerancia, respeto...; en definitiva: firmes convicciones para convivir pacíficamente. Lo cual constituye un freno a los instintos ancestrales. Un freno que hace peligrar la supervivencia de los más aptos –al aumentar la competencia- que deben idear modos de alzarse con el gobierno y mantenerlo; por la fuerza o el engaño. En consecuencia, la democracia no prospera debidamente; sigue siendo una entelequia; y lo será más en aquellas tribus donde los sujetos no han aprendido a renunciar.
Los seres autárquicos –de cualquier signo, sin olvidarnos de los capitalistas- son ejemplos que sostienen lo que expongo. Y ese estatus –que es el natural- se anhela y persigue para atraer a las hembras y cortejarlas; sabido es que estas eligen al macho más apto: mejor presencia, mayor poder, más recursos; más inteligente para la crianza de la prole; en definitiva, mejores aptitudes para sobrevivir. De hecho, como decía Nietzsche, la misma posesión sexual constituye un acto de dominio, de sometimiento. El amante no es el que ama, sino el que busca la posesión del ser amado.
Esas realidades, aunque parezcan que viene disfrazadas, no han cambiado desde los orígenes. Con frecuencia, algunos se sorprenden y tuercen el gesto viendo a cientos de muchachas -y no tanto- berreando ante un "espalda plateada" –actor, cantante, deportista...-, clamando por tener un hijo suyo; agitando prendas intimas y retorciéndose en poses provocativas...
La democracia supone mejoras colectivas, igualdad de oportunidades; aumento de la rivalidad; algo que los machos alfa detestan. El dominio pleno de la tribu es lo que importa; nadie quiere ser destronado.
También es cierto que muchos se sienten cómodos en la manada, bultos fieles y serviles de un gregarismo endémico, y pasturan satisfechos en la seguridad que aquella proporciona. Su actitud es el vivero de los futuros "espaldas plateadas". No renuncian a perpetuarse, mas cumpliendo los dictados de los otros; quedándose con los excedentes.
La democracia, al menos, se siente maniatada por dos grilletes: nepotismo y corrupción. Estos dos centinelas combaten para que no se instale cómodamente.
Con el nepotismo -amiguismos, favoritismos, enchufismos...- se afianzan y perpetúan en esos pasos de abundancia los que ya están. Los paniaguados –vividores, pelotas, trepas, chupópteros, camarillas, delatores, ineptos...- vienen a ser como matas de muérdago parasitando, nutriéndose de las migajas de los patrones. Con la salvedad de que no lo marchitan, sino que lo revitalizan(*)
Mediante la corrupción, refuerzan los muros del castillo, lo vuelven inexpugnable y prorrogan su estatus de señores feudales. Una vez asentados en los cómodos sillones que se elevan un cuerpo por encima de los siervos, sería impensable y constituiría mayúscula torpeza renunciar a ellos; nadie mete el mejor bocado en boca ajena.
Quien tenga la osadía o la torpeza de denunciar el uso de estos afilados instrumentos de tortura, si consigue desenmascararlos, estará condenado a perpetuidad; en consecuencia, deberá abandonar el territorio, vagar como un proscrito, aguardando que otra tribu le acoja. ¿Hay algo más deprimente que un macho destronado? Sucede, paradójicamente, en los partidos políticos, que deberían ser exponente de transparencia y democracia; si no se acata la voluntad del líder, no se medra, no se sobrevive. ¡Qué cruel realidad! ¡Que lo digan quienes lo han sufrido!
A ningún político o gestor público se condena al ostracismo. ¿Por qué? ¿Qué sucede? ¿Se trata de sobrevivir? ¿De defender el pan? ¿Y que sucede con los chivos expiatorios, que deben purgan las faltas y purificar el ambiente? ¿Para cuando la hecatombe? Porque son muchos las víctimas que deberían ser sacrificadas para desinficionar el aire. Tantos que hasta el mismos dioses temen contaminarse con las pestilencias y lo dilatan largamente.
Los lobbys, los tank think, los grupos de información... no son sino estrategias para afianzar la supervivencia de los más aptos –y, en consecuencia, de los mismos que les apoyan-.
Se mire como se mire, los siervos de la gleba lo serán a perpetuidad. Nadie cambia nada; todo sigue siendo muy parecido, solo que con formas más taimadas y solapadas(**).
Y lo peor no es la estrechez mental ni la seguridad de la manada; lo peor es habituarse a ella, acomodarse; resignarse.
Quizá la realidad más simple y cierta sea que cada cual sobrevive como puede en la superpoblada selva humana.
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(*)Es el caso de Juan Antonio Griñán, quien el 27 de Agosto de 2013 dimitió como presidente de la Junta de Andalucía, al parecer por las irregularidades en los ERE falsos; para "blindarlo", la misma Junta le designa como senador de las Cortes Generales por Andalucía. ¿Se acuerda alguien de esto? Tierra sobre tierra y los culpables en sus palacetes fortificados.
(**)La esclavitud por deudas –la seisachtheia, del legislador ateniense Solón(638-558 a.C)- ¿acaso se ha abolido? ¿Qué pensarán los estafados de las obligaciones subordinadas, los deudores de hipotecas leoninas, los desahuciados, los que trabajan por menos de 5 o 6 euros a la hora...? ¿Qué debemos pensar cuando repagamos los medicamentos, la enseñanza, la justicia...? ¿Qué, cuando cebamos a tantos políticos y a su corte de servidores sin contraprestación alguna? ¿Qué...¿ ¿Qué...?
Eugenio Fernández Murias