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13 Mar

Volver a las coladas, a pesar de la tormenta perfecta de los decretos (I)

Volver a las coladas debería ser uno de los grandes retos de la reconstrucción, porque el significado de reconstruir es volver a construir. Volver a las coladas es posible, a pesar de una larga tormenta perfecta que nos ha caído en el Valle de Aridane. El decreto de ordenación territorial y de la concentración parcelaria surge como una nueva tormenta, cuya pretensión es negar a los palmeros del Valle de Aridane sus derechos patrimoniales y emocionales, el arraigo y la historia familiar. No se puede obviar que cada afectado directamente por la erupción tiene sus reivindicaciones personales. Sin embargo, hay un mínimo común a todos, y es la necesidad de recuperar sus vidas y sus trabajos, y para muchos, también hay la necesidad de recuperar aquellas tierras donde varias generaciones asentaron su identidad. No hay que negar que no todos quieran volver, en el sentido físico. Hay mil y una casuística, que ninguna tormenta administrativa puede pasar por alto. El significado que tiene este verbo va más allá del concepto meramente físico.


El derecho que tienen muchos vecinos a volver, por ellos y por las futuras generaciones, debe valorarse en su justa medida. Esa larga y sempiterna tormenta perfecta no les debe impedir volver. Volver a Todoque, de la cual apenas se menciona en el "decreto de ordenación territorial, o volver a Los Campitos, El Paraíso, El Pedregal... Porque volver es reconstruir, recuperar, renacer.... Volver es tener la identidad de un hogar y un lugar, un arraigo. La tormenta perfecta que fue el volcán ocultó caminos y tierras, como Pampillo, Cumplido, Pastelero... Algunos creados por los propios vecinos, como Camino Jubilación. Y volver también a Puerto Naos y La Bombilla, sin excusas científicas.
La tormenta perfecta comenzó con aquel estallido que quebró la tierra el 19 de septiembre de 2021, en el Camino Cabeza de Vaca, cerca de la Hoya de Tajogaite. Una tormenta que vomitó coladas de lava, tefra, cenizas y gases durante 85 días. Literalmente las tormentas perfectas son los huracanes tropicales. Aunque el volcán Tajogaite, en cierto modo, fue tormenta, una erupción perfecta. Una tormenta que se fue fraguando en las profundidades, sin que los palmeros fuésemos informados con detalle de su formación. Y no días o semanas antes, sino años antes. La cámara magmática desbordó, nos envió señales y, finalmente, abrió la tierra a nuestros pies. La ciencia ya había recibido avisos, en forma de seísmos, emisiones difusas de gases y deformaciones en la superficie, aunque la comunicación relativa al riesgo nunca llegó a la población hasta que el volcán apareció. El flujo magmático, según un último estudio del IGEO (Instituto de Geociencias) y la UCM (Universidad Complutense de Madrid), buscó tres zonas de ruptura en la corteza, y se mostró imponente ante nuestros ojos en la peor opción. Aún esperamos que la ciencia nos diga directamente a nuestras caras, qué sabían y qué no nos han dicho sobre las previsiones. Esperemos que la querella nos alumbre esa esperanza. Porque cuando estalló la tormenta, el semáforo seguía en amarillo. Y nunca pasó a naranja. Y hoy en día lleva más de trece meses en amarillo, a pesar del silencio de la tormenta eruptiva.
Todas las catástrofes naturales causan mucho dolor y destrucción. Cusan mucho daño al patrimonio y la vida de personas. Los huracanes pueden causar muchas muertes, los volcanes, según su tipología muchos menos, e incluso ninguna. En el caso de los volcanes históricos en Canarias, desde el siglo XV, el balance de muertes es poco relevante. Se han registrado 25 muertes, aunque 16 lo fueron por los seísmos asociados. Los huracanes son incontrolables, y solo cabe protegerse y prevenirlos. Fue lo que paso con el huracán Grace, en 1991. No causó muchas muertes, pero pasará a la historia como una tormenta perfecta, debido a un hecho real, que fue llevado al cine con el título de "La tormenta perfecta" (The perfect Storm, 2000). La película, basada en un libro, cuenta como la embarcación pesquera Andrea Gail se hundió después de haber llenado sus bodegas. Y quisieron volver al puerto. Porque siempre hay que volver. Pero al retornar, se les averió la máquina de hacer hielo y perdieron el contacto por radio. Desconocedores del nivel de la supertormenta, deciden enfrentarla. Los seis tripulantes desparecen bajo las aguas.
Después de una tormenta, los afectados siempre quieren volver. Pero nunca es fácil. El huracán Katrina también fue una tormenta perfecta. Ha sido una de las peores catástrofes naturales de Estados Unidos, que tuvo lugar en agosto de 2005. Afectó e inundó el 80% de Nueva Orleans, una ciudad de 400.000 habitantes. Un día antes de la llegada el alcalde emitió una orden general de evacuación. Esa orden de evacuación nunca llegó en el Valle de Aridane, antes de la erupción. A pesar de las medidas de emergencia, Katrina mató a más de 1.800 personas. Provocó el desplazamiento de un millón de personas. Causó daños que hoy equivalen a 170.000 millones de dólares.
El Katrina es recordado por ser una de las peores gestiones jamás realizadas de una catástrofe, que elevó un desastre natural a la categoría de tragedia humana sin precedentes. Dispersó a residentes de Nueva Orleans por toda la región, el estado y el país. Un año después, casi la mitad de los residentes habían vuelto. Pero todavía hoy en día hay miles que no han regresado. Como dijo Danielle Baussan, directora del instituto ASPEN, "regresar a casa puede ser un paso importante para la salud y la estabilidad económica de las familias desplazadas...". Volver a las coladas es para mí un argumento también necesario, aunque todo haya quedado sepultado bajo por toneladas de roca basáltica.
El Katrina ha supuesto muchos juicios y sentencias. En noviembre de 2009 un juez responsabilizó al Gobierno federal, y condenó al cuerpo de Ingenieros, responsables de la construcción de los diques de protección. El director federal de la Agencia Federal para la gestión de Emergencias (FAME) dimitió después de una investigación sobre la actuación de los gobiernos federal, estatal y local. Es decir, se buscaron responsables y se han efectuados juicios por responsabilidad patrimonial. Sin embargo, en Canarias todos se han lavado las manos, como Pilatos, y aún peor, se han llenado de autocomplacencia y medallas. Incluso, se creó una comisión en el Parlamento canario cuyo cierre fue un informe escrito encerrado en un archivo y nada más.
Los palmeros del Valle de Aridane hemos sido pacientes, que no resilientes. Muchos ya han depositado la esperanza en la justicia, a través de reclamaciones y demandas. Yo no dudo que haya incluso responsabilidades penales. Y en ese sentido apunta la querella. Julio Pérez, Miguel Ángel Morcuende y Marino Hernández Zapata permanecen callados. Y ese silencio genera una evidente complicidad. La querella es la prueba evidente de que la tormenta sigue, porque son muchos los que viven atormentados. El alarde de hipocresía política los pone al nivel de la falta total de escrúpulos. El Estado español se desentiende de responsabilidades, el Defensor del Pueblo no defiende a los afectados, el gobierno canario empieza a manejar nuestras vidas como marionetas, el cabildo de La Palma hace obras sin proyectos, sin rigor, sin criterios, e incluso ilegales. Nadie ha dimitido, nadie ha hecho autocrítica. Todos nos mienten y siguen mintiendo. El presidente del Cabildo se lleva el premio de todos, por su arrogancia y capacidad de desprecio.
La verdadera tormenta perfecta en La Palma no fue la que duró 85 días. Esa fue la que presenciamos, incapaces de pararla. Ninguna actuación oficial y administrativa cambió los parámetros de esa tormenta. Al contrario, nos alejaron de ella, con la excusa de que había que salvar nuestras vidas. Se equivocaron, porque nuestras vidas también son nuestro patrimonio, nuestra tierra, nuestra identidad, nuestra historia... Se apagó el volcán, pero la tormenta sigue. Silenciosa, se fragua en los despachos de técnicos, de políticos, y sin duda, de especuladores. Para mantener esta tormenta les interesa ampararse en una ilegal declaración de semáforo amarillo. Para calmar los tormentos personales no hay que negar que han llegado ayudas, subvenciones, donaciones, etc. Muchos millones, algunos que meten el mismo saco, aunque no lleguen directamente a los damnificados. Les interesa seguir manteniendo un escenario en el que se hable de proceso post eruptivo, pero eso es un sainete para mantener abierto los intereses corporativos y/o personales, por encima del bien común. Esta tormenta perfecta y silenciosa se alimenta con buitres y especuladores, como los que nuestros padres llamaban "corta sogas". Éstos eran los emigrantes retornados, que al regresar con mucho dinero compraban tierras a la gente desesperada, que vendían sin querer sus tierras por cuatro perras.
Después del Katrina, el alcalde de Nueva Orleans fue condenado unos años después por soborno, fraude y blanqueo de dinero. El gobierno federal le está demandado a afectados para que devuelvan los 30.000 $ que no usaron para reconstruir sus casas. El Katrina cambió Nueva Orleans, pero la reconstrucción ha creado lo que Naomi Klein denomina "capitalismo del desastre", cuando las empresas privadas trabajan con el estado, y sacan ventajas de una crisis para esquilmar lo público y enriquecerse. Pasó con el Katrina, con la empresa de seguridad Blackwater, que recibió un contrato, sin concurso público. La empresa Bechtel de obras públicas, con lazos con la familia Bush muy estrechos, también recibieron contratos sin concurso público. Y esto está pasando también en La Palma, sin concurso público, y posiblemente, con alguna comisión por debajo de la mesa. Algún día hay poner nombres y apellidos a los que se están enriqueciendo ilícitamente a costa del desastre del volcán.
Tormentas perfectas también son algunos terremotos, como el que ha sucedido en Turquía y Siria. Fue una tragedia inevitable, aunque la escala del desastre no lo fue. Como decía un afectado "construyeron un cementerio con arena". La dimensión de muertos puede llegar a 200.000 personas, con los miles de desaparecidos. En Turquía, la gobernanza se ha plegado ante el populismo electoral y el capitalismo de compinches. A pesar de que la población ha estado pagando durante 23 años un "impuesto de terremoto" para proteger los edificios, la realidad es que muchos edificios evitaron las normas estrictas sobre construcción. Por eso, no extraña que la Justicia turca haya emitido más de un centenar de órdenes de detención por negligencia en la construcción de edificios derrumbados. Son constructores, arquitectos y aparejadores, e incluso alcaldes, relacionados con algunas de las decenas de miles de edificios destruidos o dañados. Nos preguntamos, ¿veremos imputados en La Palma por el daño patrimonial sufrido por los afectados? La querella alimenta esa necesaria sanación.
La reconstrucción son los retos que hay que afrontar después de desastres naturales de la envergadura de Nueva Orleans, el sureste de Turquía o el Valle de Aridane. Es factible, como así se hace, reconstruir sobre las casas inundadas o derrumbadas. En La Palma, el patrimonio afectado está bajo las coladas. Sin embargo, creo que es posible volver a construir sobre las coladas. Es viable y necesario volver a generar vida sobre las coladas. Pero una tormenta perfecta, en forma de decretos, nos quiere arrebatar esa posibilidad. Quieren proteger hectáreas de coladas, ciegos por crear un Geoparque. Y aún peor, también quieren arrebatar tierras fértiles en núcleos como Triana o Los Barros, para declarar urbanizables, saltando los derechos de propiedad de sus dueños. La Consejería de Transición Ecológica, con la complicidad del Cabildo de La Palma y los ayuntamientos del Valle han confabulado para mantener las vidas de miles de palmeros bajo una inestable tormenta perfecta.
Nueva Orleans es ahora más pequeña, y con menos población. Los ciudadanos seleccionaron al arquitecto Frederic Schwartz y se creó una Comisión de planificación de la ciudad para volver a planificar un tercio de la ciudad para el 40% de su población. Schwartz planteó la oportunidad de reconstruir la ciudad como una razón para fortalecer la justicia social y la vida comunitaria. En este reto, las organizaciones vecinales y comunitarias desempeñaron un papel importante en el esfuerzo de reconstrucción. En La Palma, todo lo ha diseñado la administración, absolutamente todo. Ninguna asociación, ni plataforma ni entidad ha sido tomada en consideración, por mucho alago que hagan de las ciento y una reuniones de "Revivir el Valle" o con los técnicos de Gesplan y Gestur. Lo han disfrazado de participación y, aparentemente, te dicen y te muestran que las demandas han sido incluidas. Mi percepción es que todo es un paripé para aprobar unos decretos que afectarán negativamente al futuro social y económico del Valle de Aridane.
Cuando te enfrentas a una tormenta, aunque sea alimentada por las administraciones, nunca puedes doblegarte ni rendirte. La tormenta de la erupción ya sepultó más de 12 km2 del suelo del Valle. No pudimos hacer nada para ello. Sí podíamos haber hecho mucho para salvar patrimonios, recuerdos, enseres o animales. Pero no nos dejaron. Esta otra tormenta, que aún no le hemos visto el ojo del huracán en su magnitud, puede incluso revertirse. Ese es el reto de los habitantes del Valle de Aridane.
Desde el minuto uno su tormenta nos ha coartado la libertad de movimiento. Volver a donde estaban los hogares, pisando sobre coladas, o a los nichos y las fincas sepultadas o medio ocultas. Volver a las casas aún sin sepultar o medio derruidas. Todo son prohibiciones. Nos prohíben hacer una nueva ruta de los volcanes si no pagas 35€. Y nos prohíben visitar y admirar las nuevas playas de Los Guirres, o volver a vivir en Puerto Naos y La Bombilla. La tormenta perfecta, gobierno central, gobierno canario, cabildo de La Palma y ayuntamientos del Valle, mantienen una absurda emergencia para hacer obras con adjudicación a dedo, sin proyectos, sin transparencia... Son la carretera de la costa (con un pacto secreto para no perjudicar a ciertos terratenientes), la necesaria, pero ridículamente mal hecha vía La Laguna a Las Norias, la instalación con dinero público de una red de riego ilegal sobre la nueva fajana, un embarcadero absurdo, unas desaladoras que esconden trapicheos bajo mesa, los numerosos caminos abiertos, algunos atendiendo a intereses particulares oscuros. Ésta es realmente la tormenta perfecta.
Nunca en la historia del volcanismo de Canarias hemos tenido esta tormenta administrativa concebida para asfixiar vidas y enterrar voluntades. Ni el volcán que más daño ha hecho en Canarias, Timanfaya, ni el volcán de Garachico, ni San Juan o el Teneguía. Seguiré argumentando porqué la prioridad de la reconstrucción debe ser VOLVER, con mayúsculas. Para ello, haré un repaso a nuestra historia volcánica, a lo que se ha hecho con las erupciones del Etna, en Sicilia, o con los volcanes de la isla grande de Hawaii. E incluso, como los habitantes de Fogo, en Cabo Verde volvieron a sus tierras. Y todo eso, aunque las coladas estuviesen calientes.

Francisco J. Rodríguez Pulido
Licenciado en Química y Pedagogía. Profesor jubilado

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