Pero en fin, el caso es que si les digo la verdad, he de confesar que en ocasiones me he sentido un poco abrumado asunto de su preocupación por los incendios forestales, pues raro era artículo de opinión en el que el viejo profesor no encontrara una excusa para referirse al riesgo de los incendios en los entornos urbanos debido al abandono de la agricultura, los aprovechamientos forestales tradicionales y el pastoreo; quejándose siempre de que a los cabreros se les había forzado a recluirse en algunos barrancos o acantilados costeros.
Quizás eso tenga que ver, no lo sé, con el hecho de que siempre cuenta aquella ocasión en la que se vio acorralado por el fuego en los altos de Icod y cómo todavía no se explica la forma en la que consiguieron escapar de las llamas de 20 metros, siendo responsable de Medio Ambiente en el gran incendio del 2007, quiero recordar.
En el año 2019, con ocasión del gran incendio de Gran Canaria que a todos nos sobrecogió, tuve la oportunidad de acompañar a Wladimiro y a Vicente Pérez -director de Planeta Canario- a la isla hermana a fin de intentar buscarle una explicación a aquel tremendo desastre que precedió a la pandemia que nos encerraría unos meses después. Vicente Pérez dejó reflejada la visión de Wladimiro sobre el asunto en un magnífico documento que, como otros tantos, de poco nos ha servido a nivel de aprendizaje los años posteriores como una vez más se ha venido demostrar por medio de acontecimientos ciertamente catastróficos.
En este blog también nos referimos a ese incendio grancanario con un comentario titulado «CL-215 ó KA-32, el cansino debate de cada año contra los incendios», que ya verán ustedes que es exactamente el mismo pleito que se armará ahora con el incendio de La Palma. Solo que la estupidez del bloque a Rusia nos ha hecho prescindir del único aparato realmente eficaz en la lucha aérea (aunque nadie les aplaudiera desde Las Canteras) que no era otro que el helicóptero Kamov (K-32) que soltaba de golpe -creo- que 5.000 litros de agua en el lugar exacto del frente del fuego. Vamos, el rollo ese de mirar para unas guerras y apoyar cono nuestro silencio cómplice todas las demás.
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De momento, y esperemos que todo siga así, no hay que lamentar pérdida de vidas humanas sino desastre natural y sobre animales e inmuebles de dimensiones que ya se verá. Pero ya les digo, la pesadilla no ha hecho nada mas que asomar la patita, las condiciones meteorológicas no han ayudado a La Palma pero tampoco han sido especialmente terribles como sí lo fueron las del incendio de Fuencaliente en 2009, con consecuencias gravísimas que no fueron mayores porque mucha gente se escondió de la Guardia Civil para proteger sus casas en Los Canarios, de lo contrario medio pueblo hubiera desaparecido. ¿Ejemplo a imitar? No, primero está la vida, pero esa es la realidad de los hechos que allí ocurrieron te cuenten lo que te cuenten puesto que lo conozco de primera mano.
Pero ya les digo, y aquí debajo enlazo algunos artículos recientes sobre el riesgo de incendios especialmente referidos a la isla de La Palma, mis esperanzas son mas bien pocas de no sigamos discutiendo sobre qué tipo de aparato es más adecuado para atajar el fuego (en Estados Unidos les atacan nada menos que con el McDonnell Douglas DC-10 Air Tanker y arden hasta las residencias de las estrellas del cine) y no nos centremos en la labor preventiva relacionada con el mantenimiento de una actividad agroganadera sostenible como forma de mejorar el autoabastecimiento de alimentos y, a estas alturas de la película, especialmente como forma de garantizar nuestra propia seguridad y supervivencia.
noincineraciontenerife
jjafonso